Las meninas

Las infantas se suman a la lista de más 285 listos que se han saltado la cola en España, aunque las primeras lo hicieron con la vacuna China de Abu Dabi. (K.I.)

Las vacunaciones de las infantas ha sido esta vez motivo por el cual la prensa ha vuelto a preocuparse de nuevo por los avatares sufridos por los miembros de la familia real española, toda vez que la falta de empatía de Elena y Cristina para con el pueblo español las han llevado hasta el límite del egoísmo y la desconsideración, poniendo además en entredicho la autoridad moral de su propio hermano ante la sospecha de que el propio rey pudiera estar al tanto de las veleidades de sus hermanas en territorio de Abu Dabi.

Las excusas tanto de Elena como de Cristina ya las conoce todo el mundo y en tal sentido han intentado justificar sus vacunaciones en el extranjero, pese a que muy pocos españoles han compartido la decisión tomada por ambas si lo que únicamente pretendían era garantizar la visita a su padre supuestamente enfermo y para lo que el gobierno de Abu Dabi, según dicen, exigía la administración de la vacuna en aquel país para cumplir con tal requisito.

Habría que disculpar a las infantas de ese aparente egoísmo personal si tenemos en consideración la inexistente relación que tuvieron que afrontar en la corte con otras niñas de su misma edad contra las que medir virtudes tan esenciales como el compañerismo, la honestidad, la humildad, la generosidad, etc. Recordemos que en tiempos del reinado de Felipe IV, su hija, la princesa Margarita, disponía en su corte madrileña de entonces de damas de compañía de su misma edad y entre las que figuraba también una enana a quienes se les conocía con el nombre de meninas y que como muchos españoles sabemos inmortalizó el pintor Velázquez, incluyendo además al mastín español que reposa junto a las niñas mientras estas juegan a la vez que aquel pinta.

De manera que esa ausencia de meninas en la moderna corte española del rey Juan Carlos I, redujo sensiblemente la posibilidad de que aquellas niñas de entonces tuvieran con quienes cotejar aspectos tan esenciales como las virtudes que hoy en día les son exigibles como infantas que siguen siendo, aunque hayan dejado de pertenecer ya a la familia real. Si a todo ello le sumamos la ausencia de una mascota como el propio mastín español que aparece en el célebre cuadro de Velázquez y el rigor absoluto con el que Antonio López resolvió el retrato de la familia real española en tiempos del rey ahora emérito, podremos hacernos a la idea del sufrimiento de soledad y abandono padecido por estas dos niñas que tantos quebraderos de cabeza nos han proporcionado, sobre todo a raíz de sus respectivos matrimonios con don Jaime de Marichalar y el deportista Iñaki Urdangarín.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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