La Corona

Fotografía oficial de Su Majestad el Rey Don Felipe VI./Casa de S.M. el Rey-DVirgili.

Por hablar de otra cosa y no de las consecuencias que el coronavirus está ocasionando en nuestra cotidiana vida doméstica, probemos a calificar la decisión del rey Felipe VI de rechazar la futura herencia de su padre el rey emérito Juan Carlos I por los escándalos financieros en los que se ha visto involucrado con la también azarosa intervención de la cortesana Corinna y todo lo que esta relación ha supuesto para el desprestigio moral y social de la monarquía española. Además de ese rechazo a una herencia paterna supuestamente fraudulenta, Felipe VI ha ordenado también la suspensión de por vida de la asignación que su padre tenía fijada en los presupuestos de la Casa de su Majestad el Rey, cosa que le honra muy mucho frente a la opinión pública de todos sus súbditos.

Retrocediendo en el tiempo, todos los españoles sabemos que el hoy rey emérito fue elegido por el dictador Francisco Franco como sucesor suyo a la muerte de aquel para convertirse algo más tarde en el rey de todos los españoles gracias a la elaboración de una constitución parlamentaria no sólo a su medida, sino además en la medida que exigía el miedo que por entonces generaba un sector de la derecha española amparada por la jefatura de un ejército todavía adicto al viejo régimen. Como consecuencia de todo ello, la instauración de una posible tercera república quedó al fin sustituida por una democracia parlamentaria como la que hemos venido soportando hasta el momento.

A muchos españoles nos da la impresión que la princesa Leonor no llegará a reinar. Para entonces, España se habrá sacudido de encima ese peso inútil que provoca la corona además del inmenso gasto que conlleva mantenerla indefinidamente. Creo, con toda sinceridad, que si el pueblo español se deshace de aquel síndrome de tutela del que hablaba yo hace algunas jornadas en este mismo diario, mal que le pese a muchos, ya estaríamos preparados y más que dispuestos para aceptar al fin una república en la misma medida que la han logrado otros países de nuestro entorno, como Portugal, por poner el ejemplo más próximo.

Muchos hoy mantienen la esperanza puesta, más que en su defenestración, en su propia renuncia o, en el peor de los casos, en la de su hija mayor, la princesa Leonor, a los derechos monárquicos como heredera que es, pero aún queda mucho tiempo para eso y es también muy probable que bastantes lectores lleguen a la conclusión que estoy siendo víctima de los efectos que el covid-19 provoca en el cerebro de los afectados y su eficacia me estaría haciendo alucinar hasta el punto de no creerme ni yo mismo todo lo que hasta ahora llevo dicho sobre el particular. Aún así, aunque ni siquiera yo mismo lo crea, sin embargo, sí que lo espero con toda mi alma, independientemente de que el coronavirus me prive fatalmente de ese anhelado deseo de sentirme republicano de pleno derecho.

En cualquier caso, es muy de agradecer, que Felipe VI, por el momento, haya tomado la sabia decisión que todos ya conocemos y que le honra profundamente.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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