La cara espejo del alma

Siempre se ha dicho, por lo menos en España, que la cara es el espejo del alma, pero el de la cortesana Corinna, -al espejo me refiero,-  se encuentra profundamente empañado de tanta cirugía estética a la que ha sido sometido su rostro, incluida el par de morcillas de Burgos a través de las cuales articula informaciones supuestamente fundadas sobre el rey emérito a requerimiento de Manuel Cerdán y Eduardo Inda, respectivamente, periodistas de OK Diario.

Hay quienes afirman que Corinna no pretende, ni mucho menos, aparentar menos edad de la que realmente tiene recurriendo para ello a la cirugía plástica, sino que estas intervenciones faciales se las practican los facultativos de turno para tratar de ocultar de manera conveniente y rotunda las muchas mentiras que vierte sobre el caso que tanto le preocupa y por el que puede, incluso, ser encarcelada en su país.

No sé hasta qué punto puedan interesar los amoríos clandestinos del señor Juan Carlos, habida cuenta de la cantidad de presuntas infidelidades de las que, por lo general, son objeto las delicadas esposas consortes de la realeza europea. Otra cosa bien distinta es el interés que suscita el dinero invertido en tales amoríos prohibidos y estúpidamente comprados a cargo del Erario Público. Y es precisamente la procedencia de esos millones de euros en su beneficio sobre los que el Rey debería justificar a Hacienda.

No imagino al responsable del Servicio de Inteligencia, Félix Sanz Roldán, con “licencia para matar”, visto por Corinna a través del ánima estriada de una pistola al otro extremo del cañón, al mismísimo estilo del personaje, encarnado por Sean Connery, el agente 007. En cualquier caso ella sí que pasa por ser la malade la película, o lo que es lo mismo, la figura sospechosa por la que la policía francesa, ante cualquier delito grave, había acuñado la siguiente frase: “cherchez la femme”. Encontrar a la mujer constituía el primer eslabón a partir del cual comenzaba la investigación.

Tras acabar con el Minotauro, tirar del hilo o la madeja a la manera como hiciera Teseo por consejo de Ariadna para lograr encontrar la salida en el laberinto de Creta, constituye una de las mayores muestras de inteligencia de la que por amor fue capaz una mujer en aquella época tan lejana.

Corinna, sin embargo, ha actuado esta vez por desamor y quizás también por venganza. De tal modo que ahora ha sido ella la que ha preferido tirar de la madeja después de arrebatársela a su distinguido amante, con el único propósito de que Juan Carlos no logre encontrar la salida que en un principio tenían ambos prevista y que le habría conducido a librarse de la temible Justicia española.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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