Inviolabilidad

La justicia ha hablado.

Por lo visto, los republicanos ya nos hemos dado cuenta y entendido perfectamente que la única virtud que se le puede achacar al rey emérito mientras estuvo en activo en el ejercicio de sus funciones y en sus plenas facultades mentales, fue la de contener el fallido golpe de estado que se fue fraguando en torno a su propia persona y por sus propios compañeros de armas. No se le conoce ninguna otra virtud excepto ésta.

Nunca supimos quien pudo haber sido el llamado elefante blanco de la rebelión armada, pero parece demasiada coincidencia la probada afición que el entonces rey de España tenía por cazar grandes paquidermos del color que suelen tener los paquidermos. ¿Era tal vez el elefante blanco el paquidermo contra el que no se debía disparar?

Sea como fuere y ahora que el Tribunal Supremo ha certificado su inviolabilidad por los abusos financieros cometidos durante su reinado, tenemos la obligación de preguntarnos  ¿Cómo es posible que una persona que solamente ha podido demostrar en su vida una sola virtud inherente además a su cargo, haya podido contar con la confianza de tantos monárquicos en este país?

Desde luego que los lances de su vida sentimental privada no ocupan en absoluto espacio en el rencor y el desprecio que una buena parte de los españoles guardan y sienten por el hoy rey emérito. Otra cosa bien distinta sería que ese rencor y desprecio no se le tuvieran en cuenta por todos los delitos cometidos de carácter económico que se le atribuyen, en la medida que también afectan al erario público y donde fuera ya del ámbito sentimental, la cortesana y bella Corinna tendría también mucho que decir sobre lo mucho que ha decidido ocultar.

Lo que se esconde no son sólo relaciones personales de dudosa reputación sino decenas de millones conseguidos no se sabe muy bien cómo ni de qué manera, pero mucho más que suficiente como para, incluso, permitirse el lujo regalar un buen puñado de euros bajo mano a su queridísima e inteligente amiga. Y es que las monarquías pueden jactarse de caprichos extraordinarios por la gracia de Dios, sin tener que ser juzgados por ellos por ningún mortal de inferior rango; aunque vista negra toga.

Sin entrar en más especulaciones, no hay más que observar como a la hoy princesa Leonor la vienen preparando adecuadamente para heredar unos poderes dinásticos que no deberían, a mi juicio, corresponderle, sobre todo a partir de una situación política como la de hoy, consolidada en una democracia donde no cabe una autoridad mayor que la del pueblo y al que sí se puede juzgar por cualquier delito cometido por cualquiera de sus miembros que afecte directa o indirectamente a la comunidad, de manera que nadie pueda arrogarse la inviolabilidad individual en función de su cargo público.

No hay mal que por bien no venga, reza el viejo refrán español. El golpe de estado perpetrado en su día por un sector de las Fuerzas Armadas resultó ser el mal bienvenido para reforzar la endeble figura del entonces Juan Carlos I y afianzar una monarquía de la que muchos dudábamos entonces, pero que, sin embargo, tuvimos que aceptar a regañadientes porque, como españoles desamparados que se nos cree, siempre necesitaremos un tutor que vele por todos nosotros. Primero fue Franco, luego el Rey Juan Carlos, más tarde Felipe VI y en el futuro será Leonor si alguien no lo remedia.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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