Instituto armado

Congreso de los Diputas, sede de la soberanía nacional./Foto: Congreso de los Diputados.

Todo lo que se le viene encima al ministro Marlaska de parte de la oposición, por su atrevimiento fuera de lugar, a juicio, -como siempre en estos casos-, del PP, Vox y Ciudadanos, es poco menos que una peligrosa avalancha de descrédito orquestada en su conjunto contra el Partido Socialista en el poder y con la que se pretende engullir no solo al actual ministro del Interior, sino también al vicepresidente Pablo Iglesias, quién en sede parlamentaria, fue blanco de las duras críticas rayanas en el insulto por parte de la Marquesa de Casa Grande, quién a fuerza de tanto increpar con tanto celo al gobierno de Sánchez, continúa adelgazando de forma visiblemente alarmante.

¿Por qué razón la insigne oposición ha de rasgarse las vestiduras frente a una destitución de un general al frente de la Guardia Civil o del llamado, con perdón, Instituto Armado? ¿Tan pronto hemos ya olvidado la aparición bélicosa en su día del teniente coronel Tejero en el hemiciclo?

A pesar del buen trabajo realizado por el Instituto Armado en muchos otros ámbitos, parece lógico pensar que una llamada “pérdida de confianza” en uno de sus generales resulta motivo más que suficiente como para que el ministro del Interior de turno pueda cesarlo de inmediato en sus funciones.

Muchos nos hemos preguntado qué extraña pretensión escondía  la frase “pérdida de confianza”. Y hemos encontrado distintas respuestas sobre el particular que ya la prensa ha subrayado en destacar: que si acuerdos con Bildu, que si reclamaciones de Esquerra Republicana, que si el general se negara a presentar los informes recabados sobre el delegado del gobierno en Madrid, etc.

En la época de Tejero hubo muy poca capacidad de maniobra como para anticiparse a los acontecimientos que luego se sucederían en el Congreso con el secuestro de todos los diputados. De haberla habido por una también supuesta “pérdida de confianza” por parte de aquel otro ministro de turno, quizás nos hubiéramos librado del esperpento que tuvimos que vivir a continuación, con la ocupación del Congreso por parte del Instituto Armado y cuyo principal responsable visible, -no lo olvidemos-, fue un alto mando de la Guardia Civil.

Por si fuera poco, Marlaska también ha dejado de confiar en el general Fernando Santafé, quién hasta ahora se encontraba al frente del Mando de Operaciones y que, al parecer, no parecía sentirse conforme con la propuesta del ministro en nombrar como nuevo director adjunto operativo al general Pablo Salas. Al mostrar su desacuerdo, el general, de motu proprio, pactaría su salida de inmediato con el ministerio del interior.

No parece de recibo que los militares en general decidan arbitrariamente su propio destino atendiendo a la norma no escrita de la antigüedad que según fuentes de la propia Guardia Civil no siempre ha sido así. Por lo tanto, se supone que el ministro del interior tendrá algo que decir sobre la elección basada en la confianza que espera de todos ellos, pero que tantas críticas ha suscitado por parte de la oposición.

No me parece que todo este embrollo acabe aquí y ahora. De todos es sabido la veneración que la extrema derecha profesa por el instituto armado de la Guardia Civil y que este último incidente, aparentemente sin importancia, ha desencadenado también una nueva crisis política, totalmente ajena a aquella otra que, por culpa de los graves acontecimientos vividos nos ha traído hasta aquí,  como consecuencia, además, de la influencia que en la economía del país ha tenido el largo tiempo de confinamiento por culpa de la Covid-19.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

2 Comments

  • Me parece surrealista que diga que insultaron al tal Iglesias. ¿Sabe usted la cantidad de improperios que han salido por su boca desde que pisa los nobles suelos del Congreso?
    No justifico a la Cayetana, pero que usted lo haga con este individuo y hable en su artículo de la manera que lo hace me parece, como poco, deleznable.

  • Admito lo de deleznable, pero ¿Puedo esperar de Vd. algún otro calificativo sin ni siquiera justificar a Cayetana?

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