Devoción mariana

La clase política española deja mucho que desear, otro tanto debería afirmarse de cierta prensa española que lo único que consigue, y a propósito, es tratar de confundir a la opinión pública. (Zoilo López).

De lo que ya no cabe la menor duda, a juzgar por todo lo que vamos conociendo de la llamada Operación Kitchen, es de que la Virgen de los Desamparados no ha querido velar esta vez en favor del ex secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, como tampoco en el del ex ministro de Interior, Javier Fernández Díaz, gran devoto de la Señora, a quién, según su propio testimonio, solía aparecérsele regularmente cada sábado y cuando no, él trataba de encontrarse personalmente con Ella en la iglesia más próxima a su propio domicilio.

Cuesta creer, o quizás sea por eso,  que un católico tan ferviente como el que ha demostrado ser Fernández Díaz, con una trayectoria tan intachable en el seno del Opus Dei, se haya prestado con tanta facilidad, amparándose en su rango como ex ministro de Interior, ha organizar una policía secreta a cargo de los fondos reservados sólo para tratar de preservar a su señor, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, presuntamente “el asturiano”, de todas aquellas sospechas que se acumulaban en torno a él en relación a la financiación ilegal del Partido Popular del que fuera también su presidente.

Sólo un visionario y mártir, como ha demostrado parecer Javier Fernández Díaz, hubiera sido capaz de llegar a este extremo de forma tan rocambolesca y sin ninguna previsión de una coartada factible, o por lo menos aceptable, a fin de intentar en lo posible alejar de su persona tanta sospecha de implicación en la llamada Operación Kitchen. A pesar de atribuirse a sí mismo ser tan católico, no ha querido tener sin embargo la más mínima misericordia por su adjunto, Francisco Martínez, al que no ha dudado en “dejar tirado” a los cascos de los caballos después de que hubiera cumplido escrupulosamente con el cometido para el que fuera encomendado y que por el bien del partido y del propio Rajoy habría llevado a cabo con la esperanza quizás de una recompensa que nunca terminaría por llegar.

Cuando cierta prensa con representantes a la cabeza de la categoría, por no afirmar de la calaña, de Francisco Marhuenda se paseaban por los distintos platós de televisión asegurando poner la mano en el fuego en favor de la inocencia de algunos miembros de la cúpula  del PP, acusados de participar en la financiación ilegal del partido, no imaginaban siquiera el ridículo que entonces ofrecían públicamente defendiendo lo que ya todos sospechaban a falta de las pruebas irrefutables aunque no definitivas que, como consecuencia de la llamada Operación Kitchen, se han venido desvelando hasta el momento.

Si bien la clase política española deja mucho que desear, otro tanto debería afirmarse de cierta prensa española que lo único que consigue, y a propósito, es tratar de confundir a la opinión pública en beneficio de sus propios intereses partidistas, intereses que en absoluto benefician a la democracia instaurada definitivamente en este país ni tampoco a la libertad de expresión como a la de prensa.

La libertad de expresión no consiste en mentir a propósito, ni la de prensa tampoco.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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