Destitución

Sin pelos en la lengua. Así es como la recordaré pese a su exquisita altanería y la firmeza de sus propias convicciones

Como decía Dennis Rodman: “Me puedes amar o me puedes odiar”. Cayetana Álvarez de Toledo suscita opiniones encontradas en todos los ámbitos. (K.I.)/ Foto de Twitter @cayetanaAT

Debo reconocer mi gran frustración desde el punto de vista humorístico ante el reciente cese de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP. Ella fue durante cierto tiempo el blanco perfecto de mi desconfianza política en una persona que creía estar muy por encima del bien y del mal pero que, sin embargo, me proporcionaba a la vez un valiosísimo argumento para poner en cuestión, cuando no en entredicho, su violenta altanería compadrita bonaerense en el tono jocoso que acostumbro y tanto me divierte cuando escribo. Seguramente la echaré de menos, aunque no tanto como a José Luis Borges del que nunca la delgada aprendió tanto como lo mucho que yo comparto de su exquisita literatura.

La marquesa de Casa Fuerte regresará al lugar del que nunca tuvo que haber salido, a la sombra de la fundación FAES, junto a su gran benefactor, el que fuera presidente del gobierno español y que desde la penumbra que le proporciona su absoluta incompetencia, ha querido continuar dirigiendo los destinos de la gaviota, el albatros o el charrán, como si fueran pájaros de mal agüero necesitados de un mismo horizonte a dónde dirigirse, sin poder acariciar siquiera la oportunidad que le ofrece el Covid-19 y la situación económica por la que atravesamos para lograr el postrero propósito de que su partido alcance de nuevo el poder.

El nombramiento en su día de Cayetana por parte de Pablo Casado no parecía otra cosa más que una engañosa estrategia de de hacer creer a Vox que el verbo displicente de la marquesa de Casa Fuerte podía ser tan contundente o más que el de Santiago Abascal, aunque sin tanto pelo en el pecho y ni uno sólo en la lengua. La moderación parece ser lo más sensato, ahora que se necesita un consenso de estado si de lo que se trata es de conducir el país hacia adelante y alejarse de la confrontación diaria que supone un desgaste político imposible de asumir tal y como están las cosas.

Sin pelos en la lengua. Así es como la recordaré pese a su exquisita altanería y la firmeza de sus propias convicciones que de nada le han servido para mantenerse en su puesto después de un vertiginoso ascenso dentro del Partido Popular, dónde, a decir verdad, se había granjeado ya las suficientes antipatías como para que su despido haya sido incluso aplaudido mucho antes de que éste se produjera.

No cabe duda de que, por otras muchas distintas razones que no las políticas, yo, particularmente, la echaré mucho de menos.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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