Democracia

No logro entender por qué mis opiniones causan tanto malestar entre algunos lectores. Al fin y al cabo, sólo utilizo parecidos argumentos que otros, si bien en algunos casos concretos, en sentido contrario, pero considerando siempre la posibilidad remota de que ello no sea óbice como para despertar tanta inquina acumulada contra mi habitual proceder, sobre todo, desde que Pedro Sánchez, aunque en coalición con los que todos sabemos, ganara las últimas elecciones en este país.

No me considero cómplice como tal del PSOE, aunque bien es verdad que sí lo soy de mis propias convicciones y que dicho sea de paso, no son nada coincidentes con las que, en general, presume la derecha española. Esto me lleva a llegar a determinadas conclusiones que puedan no ser del agrado de muchos, pero -y espero que se me entienda- este es un de los “defectos” que tenemos que soportar de la vigente democracia a la que todavía no nos hemos del todo acostumbrado.

Si aparte de todo lo expuesto anteriormente, el desconcierto que me supone tener que asistir, prácticamente a diario, al esperpento que representa en  el Congreso la mayoría de la clase política, parece mucho más que suficiente para que yo juegue mis cartas a favor o en contra de todas aquellas decisiones que salen del hemiciclo y que no coincidan con mi ya reconocida filosofía política al respecto.

Prueba de ello han sido los últimos acontecimientos acaecidos en el seno del partido socialista en relación a la derogación íntegra de la reforma laboral, utilizada como arma de defensa contra la lamentable oposición hecha por la derecha de no aceptar los términos ni condiciones de la pretendida desescalada anunciada por el gobierno y a la que, en mi humilde opinión, se deberían haber sumado todos aquellos partidos con independencia de sus respectivos signos de identidad política.

El apresuramiento a poner en marcha el anunciado plan de apertura económica e industrial sin antes tener la seguridad de la benevolencia de la pandemia, ha traído como consecuencia las desagradables decisiones tomadas en virtud de un desastroso desacuerdo con carácter de auténtica venganza, cuyos funestos resultados sufre en último caso el grueso de la población.

De manera que para unos, lo primordial consistía en asegurar primero la salud pública de la población y, para otros, asegurar la salud de la economía nacional, lo que ha llevado consigo a tener que sufrir los tristes episodios que ya todos conocemos y que cada cual ha valorado de manera muy distinta como consecuencia del drama que ha supuesto la triste precariedad laboral y el desempleo dependiente de la situación económica, o del otro drama aún más grave que lamentar y que también ha llevado a la muerte a miles de ciudadanos por culpa de la Covid 19.

Y yo he tomado partido por el segundo de los dos dramáticos casos.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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