miércoles, diciembre 1, 2021
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De nuevo la Covid-19

A pesar de haberme vacunado contra la Covid-19 creyendo que la gran mayoría también lo haría, ahora empiezo a darme cuenta del gran porcentaje de población que todavía no lo ha hecho, esgrimiendo unos argumentos que van mucho más allá de la duda razonable. De modo que después de haber cumplido con la responsabilidad que las autoridades sanitarias me exigían, sigo sin tener del todo claro si estas Navidades tendré que permanecer confinado con el propósito de no arriesgarme a sufrir las consecuencias de ser contagiado por gente que ha creído en las patrañas que he tenido que oír últimamente por boca de los negacionistas; entre ellas, la intención de la mayoría de gobiernos del orbe en mantenernos controlados o confinados bajo un supuesto arresto domiciliario disfrazado de precaución alternativa frente al virus.

Desde siempre, mi mayor preocupación ha sido el miedo amenazador a lo desconocido, a aquello que no puedo percibir con mis propios ojos y, en este caso, la Covid-19 cumple perfectamente con esos terroríficos requisitos. No así del temor al supuesto confinamiento por parte del tangible gobierno que ahora preside mi país y del que me podría defender con mucha mayor facilidad si cabe, porque sé muy bien de quién se trata y, además, lo tengo a la vista. Contra él podría luchar perfectamente y con cierta facilidad, e incluso llegar a vencerle en mi tentativa en una hipotética lucha, pero contra la temerosa Covid-19 me siento totalmente desarmado e indefenso; no hay nada que hacer como no sea inyectarse.

Ello no quiere decir y aún está por ver, que la expansión de la pandemia no se haya debido producir a un fatal error humano que se podría haber evitado, pero de ahí a suponer a que su origen pudo haber sido inducido por causas de carácter económico apoyadas por los intereses de algunas multinacionales farmacéuticas es sólo una conjetura que, si finalmente se pudiera probar, habría que ir pensando ya en cómo sería posible reparar un daño a esa escala tan inquietante de mortalidad que ha afectado a una gran parte de la humanidad y de la que todavía, por suerte, formo parte.

Así que: amigo Miguel Bosé, entre otros, deberías preocuparte mucho más por las que fueron tus extraordinarias cuerdas vocales y centrar todos tus esfuerzos en evitar la dolorosa experiencia que significaría el contagio de la Covid-19 y que tantas vidas se ha cobrado ya. Recobra la razón extraviada entre tantos episodios de tu vida privada que te han hecho acreedor de una envidiable experiencia, influida por todos aquellos que en su día te rodearon en tu dorada y lejana juventud: desde tu propio padre, tu bellísima madre, Picasso, Dalí, Gala, Carlo Ponti, Sofía Loren, Helmut Berger y un largo etcétera de los que hoy presumes como amigos tuyos que fueron.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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