Cuando regresé ya jubilado hace unos meses al Puerto de la Cruz después de una larguísima estancia en Cataluña, tomé la acertada determinación de intentar fotografiar a todos aquellos paisanos míos que han seguido formado en vida parte de mi generación con la sana intención de perpetuarlos e inmortalizarlos cara a un futuro que espero todavía continúe siendo lejano por el bien de todos nosotros. Y he querido hacerlo dignificándolos como personas y no como un “souvenir” fotográfico que cualquier turista se llevaría en la memoria plástica de su cámara fotográfica porque con ellos me une mucho más que una simple amistad interrumpida drásticamente como consecuencia de unas determinadas circunstancias de las que nadie, ni siquiera yo, fue culpable.
Recuerdo entre otros fallecidos a Polo, cuya fotografía en blanco y negro, en unas dimensiones de 18×24 me sorprendió gratamente colgada de la pared de un bar en las proximidades del muelle del Puerto de la Cruz a donde había acudido, recién llegado, a tomar una cerveza fresca del país. El propietario ignoraba que tal foto hubiera sido tomada por mí hacía ya unos cuarenta años y aunque se lo recordé con simpatía no demostró prestarle la menor importancia a tal circunstancia.
He de precisar que la inmensa mayoría de las fotos tomadas durante toda mi vida han sido llevadas a cabo con la total aceptación de todos mis amigos, incluidos los últimos, quienes rondan ya mi propia edad; es decir la de aquellos que nacieron en torno a la década de la los años cuarenta del pasado siglo.
Aún así, las fotos de ambiente tomadas con la mejor intención en el interior del bar del que ya he hecho mención anteriormente, al parecer no han sido del agrado de su propietario actual quien de mala manera me ha recriminado el derecho a ejercer mi antigua profesión en un lugar público. Sin embargo, a mí jamás se me hubiera ocurrido exigirle los derechos de autor que me conciernen por exhibir públicamente en su establecimiento la foto ampliada de mi fallecido amigo Polo y al que todos sus clientes no olvidan.
De manera que por respeto me reservo el nombre del establecimiento, pero lo que me niego a ignorar es que en un ángulo superior de la obscura barra del bar cuelga la foto de un entrañable e inolvidable amigo que por fortuna descansa en paz.
zoilolobo@gmail.com
Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
NOTA DE LA REDACCIÓN:
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