¿Nos gobierna un psicópata?

Se suceden los estudios sobre los comportamientos, el narcisismo y las actitudes de Pedro Sánchez

Sánchez, muy estudiado. Iglesias lo sabe todo. /FOTO: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

El otro día, el profesor Antonio Alarcó, que es doctor en Medicina, doctor en Periodismo y doctor en Psicología, me citaba, a propósito de un artículo mío en el que hablaba del efecto Dunning-Kruger, y referido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, personaje que a mí personalmente me parece un peligro público. El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo de la personalidad, según el cual un individuo con escasa habilidad y conocimientos sufre de un sentimiento de superioridad ilusoria, se considera más inteligente que otras personas más preparadas e inicia sus habilidades por encima de lo real. Sufren estos personajes, además, de incapacidad mega cognitiva para reconocer su propia ineptitud. El profesor Alarcó escribió en este digital y en el rotativo Diario de Avisos un documentado artículo sobre el tema y ya antes lo había hecho el escritor Juan Manuel de Prada, en términos muy parecidos. Bien, pues hoy me envían otro artículo, esta vez del doctor Joaquín Sama, especialista en Psiquiatría, Neurología y Medicina Familiar y Comunitaria, que ha hecho un diagnóstico sobre el todavía presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, fechado en Córdoba el día 28 de mayo pasado, bajo el título: “¿Nos Gobierna un psicópata?”. Y dice, entre otras cosas: “La respuesta es afirmativa. Pedro Sánchez cumple los criterios diagnósticos para ser tipificado, sin la menor duda, como psicópata narcisista, es decir, presenta un trastorno de la personalidad de tipo narcisista, en base a los dos manuales nosológicos mundialmente reconocidos, tanto la ICD, como el DSM-IV-TR. Es necesario advertir que los psicópatas no son enfermos mentales, sino individuos con una personalidad fuera de lo común, desviación que, de forma habitual, es fuente de problemas personales que, a su vez, van a repercutir de modo negativo en el entorno donde viven. Innecesario es decir que cuanto mayor sea su área de influencia, mayores serán los problemas que ocasionen. Existen diversos tipos de psicopatías. La de Sánchez se encuadra en el grupo B, con tipificación nosológica F60.8 (trastorno narcisista de la personalidad, siguiendo el manual diagnóstico y estadístico (DSM-IV-TR), cuyos criterios para este tipo de trastornos son los siguientes: 1.- Grandioso sentido de la propia importancia. 2.- Preocupación de éxito ilimitado, poder, brillantez. 3.- Creerse especiales, únicos. 4.- Exigencia de excesiva admiración. 5.- Pretenciosidad, expectativas irrazonables de que se cumplan las propias aspiraciones. 6.- Inter personalmente son explotadores, sacan provecho de los demás para alcanzar sus propias metas. 7.- Carecen de empatía. 8.- Con frecuencia envidian a los demás  o creen que los demás les envidian a ellos. 9- Presentan comportamiento o actitudes arrogantes. La conclusión que se extrae, al analizar la trayectoria de Sánchez, es la imperiosa necesidad que tiene de ser admirado. Esta emoción, presente en todos los humanos, es tan intensa en él –y es ahí donde radica su desviación de lo normal– que la ha convertido en primum mobile de su vida, desarrollando un proyecto vital dirigido a satisfacerla, tarea imposible de alcanzar por ser insaciable y desorbitada su necesidad de sentirse importante. Varios factores han contado a su favor para llegar al escenario donde más admiración puede despertar: un verbo fluido, la instrumentación de la empatía como herramienta política, suficiente histrionismo como para representar el correspondiente papel de líder –mera impostura– y, sobre todo, la falta de ética, de moral y el desprecio hacia España y los españoles, a quienes ha estado haciendo lo contrario de lo que aseguró. Como buen psicópata, no se ruboriza ni mueve un solo músculo de la cara cuando sus oponentes políticos le recuerdan las múltiples mentiras y contradicciones en las que incurre. La satisfacción narcisista, que experimenta al ostentar un puesto que jamás pudo imaginar que alcanzaría, compensa con creces los reproches de la oposición y otros inconvenientes menores. Iglesias sabe que el presidente aceptará lo inadmisible para mantenerse donde más pueda ser visto y admirado, aunque las miradas de millones de españoles sean ya de rechazo ante un inepto, rehén de su propia egolatría que Iglesias aprovecha para provocar insomnio al 95% de los españoles, como anunciara el propio pedro Sánchez, aplicando las medidas que copia de los polvorientos manuales del revolucionario bolchevique que maneja”. El artículo sigue, pero se pierde en consideraciones de tipo político que nos interesan menos. Es curioso que, en muchos sentidos, la opinión de este neurólogo coincide con las expuestas por el doctor Alarcó en su artículo sobre el efecto Dunning-Kruger, efecto destapado por Juan Manuel de Prada en un artículo de hace más de un año y repetido por mí en otro con los mismos argumentos. ¿Estamos, pues, es manos de un psicópata? No lo sé, pero todo parece indicarlo. Y en los tiempos que corren hay demasiados psicópatas metidos a políticos. A lo mejor tenemos que darnos una vuelta por el Reino Unido y por los mismos Estados Unidos de América y encontrar nuevos síntomas en determinados tipos de gobernantes. No vivimos precisamente buenos tiempos, ni hemos tenido muy buena suerte al elegir a determinadas personas que están actualmente gobernándonos. Ya vendrán, supongo, épocas mejores.

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