Hay personas que, por fortuna, no encajan fácilmente en moldes ni consignas. Hombres que cultivan el pensamiento propio, la discrepancia educada y la independencia intelectual como una forma de entender la vida. Entre ellos se encuentra Zoilo López Bonilla, licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes, articulista de referencia en Kiosco Insular y, sobre todo, un canario que ha sabido mantener intactas sus raíces mientras construía su vida en Cataluña.
Con motivo de su reciente cumpleaños, he creído oportuno dedicar unas líneas a quien ha hecho de la reflexión y la palabra herramientas de análisis y participación pública. No siempre coincidiré con algunas de sus opiniones o planteamientos; sería extraño que dos personas con inquietudes propias coincidieran en todo. Sin embargo, precisamente ahí radica una de las virtudes más destacables de don Zoilo: su capacidad para expresar sus convicciones con firmeza, sin renunciar nunca al respeto ni al diálogo.
En tiempos donde abundan las trincheras ideológicas y los discursos prefabricados, don Zoilo ha mantenido la condición de «verso suelto«, alguien que piensa por cuenta propia y que no teme apartarse de los caminos más transitados cuando considera que la razón o la conciencia así lo exigen. Esa independencia intelectual, tan escasa como necesaria, merece reconocimiento.
Como he podido leer es un canario afincado en Cataluña que ha sabido conservar una mirada amplia sobre la realidad, enriquecida por la experiencia de vivir entre dos territorios que forman parte de su trayectoria vital. Sus escritos reflejan con frecuencia esa perspectiva singular, fruto del conocimiento, la observación y el compromiso con la cultura.
También he tenido ocasión de conocer la labor cultural desarrollada por su hija Dácil, difundida en su momento a través de las páginas de Kiosco Insular. Aquellas publicaciones permitieron apreciar una sensibilidad artística y un compromiso con la cultura que, sin duda, hablan de un entorno familiar donde el conocimiento, la creatividad y el esfuerzo han encontrado terreno fértil para desarrollarse.
Pero si hubiera que destacar una cualidad humana que acompaña al intelectual y al articulista, sería su caballerosidad. Una forma de estar y de relacionarse basada en la cortesía, el respeto hacia los demás y la elegancia en el trato. Valores que no siempre reciben el reconocimiento que merecen, pero que terminan dejando una huella profunda en quienes tienen la oportunidad de compartir conversación o debate con él.
Por todo ello, y más allá de coincidencias o discrepancias, este cumpleaños es una excelente ocasión para expresar mi felicitación a Zoilo López Bonilla. Que continúe ejerciendo esa saludable independencia de criterio, cultivando la reflexión crítica y aportando su particular mirada a la vida cultural y social.
Feliz cumpleaños, Zoilo. Que la salud, la inspiración y el afecto de los suyos y sus seguidores de este “libelo barato” le acompañen durante muchos años más. Y que siga siendo, para quienes le leemos y te conozcan, ese imprescindible verso suelto que enriquece cualquier conversación. Seguro que un buen whisky de sobremesa en “El Fragata” no tendría precio. –Confucio.
