domingo, noviembre 30, 2025

Periodistas

Menos mal que muchos que pudieron hacerlo no optaron por estudiar lo que ahora se llama Ciencias de la Información o, lo que es lo mismo, lo que antes se llamaba Escuela de Periodismo porque, a juicio de algunos, todos ellos estarían hoy trabajando bajo la nómina y la tutela interesada del Partido Socialista, beneficiándose de las supuestas ventajas que ello supone para informadores y políticos.

Crítica sobre los periodistas que circula por las Redes con motivo del Covid-19./RRSS.

Ser periodista dista mucho de figurar sólo como “opinador” en la llamada prensa digital porque eso, de entrada, no compromete a nada y además casi siempre se acude sólo como invitado  aunque, naturalmente, como le ocurre a todo el mundo, se deslicen en sus crónicas sus íntimas simpatías por una determinada línea editorial que se le antoje imparcial. De manera que si el invitado en cuestión se devana los sesos en procurar dejar sentado su criterio de acuerdo a lo que a él le parece más razonable, sin ni siquiera pretenderlo y de manera involuntaria, estará granjeándose a diario amigos o enemigos siempre en función de ese mismo criterio.

De tal modo que, en la mayoría de los casos, quedaría aún mucho por contar y muy poco que demostrar; si bien es verdad que la función del “opinador” no trata exclusivamente de demostrar, sino en considerar si las dudas que se le presentan sobre determinadas cuestiones, en este caso políticas, coinciden con algún sector de la sociedad de la que también se siente partícipe y en la que además se encuentra inmerso. Ya habrá tiempo para coincidir con la mayoría, aunque con ello no se consiga nada más que la satisfacción propia del que cada día intenta analizar la situación por la que atraviesa el país en el que le ha tocado vivir.

Muchos de estos “opinadores” no escriben contra nadie ni en favor de alguien en concreto. Simplemente opinan. Y con esa actitud de intervención literaria pasiva, lo único que debería ocurrir no es que alguien se sienta expresamente aludido en su criterio sino que, por esa misma circunstancia, se sienta moralmente obligado a disentir formalmente en aquello otro que sería el devenir de un debate sin acritud y guardando las formas que toda persona bien educada se siente obligada a respetar.

Sí, lo confieso. Me considero un “opinador”, o quizá un “opinante”, no sabría decirlo con exactitud. Lo cierto es que me siento muy afortunado de poder intuir que alguien se interesa por la opinión que pueda provocarme todo aquello que directa o indirectamente nos afecta a la mayoría en materia política, económica, sanitaria, como es el caso, social, etc. Y eso también, aunque no es mi caso concreto, puede considerarse un trabajo como cualquier otro. Sólo se necesita encontrar el medio necesario que soporte el peso de tu pluma. Todo lo demás se desprende por sí sólo.

Resulta bien fácil para un periodista hacer gala de lo aprendido en su Facultad para tratar de desacreditar a cualquier partido político a base de injurias, faltas a la verdad, insultos, etc., pero también he de decir que hay muchos otros que no lo hacen y, mucho menos, un “opinador” u “opinante”, como ustedes quieran.

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