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El Centro de Coordinación Regional de Canarias (CCRC) cumple 20 años. Su labor es desconocida por la mayoría de la ciudadanía, pero su trabajo lleva miles de vidas de migrantes salvadas en la mar
Este pasado martes, 6 de octubre, se me concedió el honor de participar en el acto de conmemoración de los veinte años del Centro de Coordinación Regional de Canarias (CCRC), un acto organizado con atinada sensibilidad por la Delegación del Gobierno en Canarias y con la presencia del teniente general de la Guardia Civil, Javier Moscoso, actual jefe de frontera de España.
Estar presente en ese encuentro no fue para mí un mero compromiso institucional. Fue un viaje inevitable al corazón de la memoria. Mientras miraba los rostros de los uniformados, de los analistas, de los rescatadores y de los servidores públicos reunidos en la sala, mi mente regresaba de forma instintiva a aquel convulso 2006 en el que la llamada crisis de los cayucos puso a prueba las costuras de nuestro archipiélago con la llegada masiva de más de 31.600 personas en un solo año.
En aquel momento yo ejercía de Delegado del Gobierno en Canarias, etapa en la que aún tratando de entender lo que estaba pasando, comprendimos de inmediato una verdad impepinable: frente a la inmensidad del océano Atlántico y la magnitud de la tragedia humana que se desplegaba ante nuestros ojos, frente al limitado tamaño de nuestros recursos e infraestructuras, los responsables públicos y las organizaciones implicadas no podíamos ni debíamos seguir actuando de forma fragmentada.
Porque ninguna institución, por sí sola, poseía todas las herramientas necesarias para responder a semejante desafío. Nacía así, mediante el Acuerdo de Consejo de Ministros del 6 de octubre de 2006, la Autoridad de Coordinación y su órgano de apoyo permanente: el CCRC. Me gusta pensar que tanto el CCRC como Casa África son dos organismos nacidos de la crisis de los cayucos. Uno, desde la coordinación institucional y operativa para evitar muertes en la mar. Otra, Casa África, desde la diplomacia pública para mejorar las relaciones con nuestros países vecinos y normalizar la presencia africana en España, luchando contra la xenofobia y los estereotipos sobre África.
Para explicar de forma didáctica qué es el CCRC a quien no conozca sus entrañas, conviene decir que supuso una auténtica revolución en la gestión de las fronteras marítimas de la Unión Europea y que el modelo hoy es imitado en otros puntos del mundo.
Por primera vez en la historia de la administración pública española, se sentaron bajo un mismo mando unificado y alrededor de la misma mesa a las Comandancias de la Guardia Civil y a su Servicio Marítimo, al Cuerpo Nacional de Policía, a las Fuerzas Armadas, al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), a Salvamento Marítimo (SASEMAR), al Departamento de Aduanas, a las Capitanías Marítimas, al CECOES 112 de la Comunidad Autónoma, a la Cruz Roja y a la agencia europea Frontex. Su primer responsable fue el general de la Guardia Civil Cándido Cardiel, un eficaz servidor público con el que trabé buena amistad.
El objetivo del CCRC, ubicado frente a la Comandancia de la Guardia Civil de la provincia de Las Palmas en el barrio de San Cristóbal era tan sencillo en su configuración como titánico en su ejecución: centralizar la información en tiempo real, optimizar los recursos aéreos, marítimos y terrestres y, sobre todo, situar la localización y el salvamento incondicional de vidas humanas en riesgo como el principio rector de toda la operativa.
Veinte años después, cuando uno echa la vista atrás, comprueba con orgullo analítico que aquella decisión estratégica fue uno de los mayores aciertos políticos y operativos que se han tomado en España en materia migratoria. A lo largo de estas dos décadas, la inmensa mayoría de los recursos provisionales que se habilitaron al calor de la emergencia de 2006 fueron desmantelados o transformados al pasar la tormenta mediática.
Sin embargo, el CCRC ha permanecido inalterable, adaptándose con rigor a cada oscilación del flujo atlántico. Incluso en los años en que prácticamente no llegaban pateras ni cayucos a Canarias, cuando el tránsito intraafricano miraba hacia las costas de Libia, el CCRC mantuvo su constancia y su trabajo callado y discreto de entender que tal como los flujos habían bajado, volverían a subir, por lo que había que mantener la coordinación y, especialmente, todos los puentes tendidos con nuestros vecinos africanos.
Prueba irrefutable de su vigencia e idoneidad es la contundente frase pronunciada por el Delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana: «Si este centro no lo tuviésemos hoy, habría que inventarlo«. Y es que el CCRC se ha convertido en una referencia internacional de coordinación y diplomacia operativa. Qué orgullo siento de las decisiones que se tomaron en 2006.
Hoy en día, el trabajo que realiza el centro es tan silencioso como colosal. En Las Palmas de Gran Canaria trabajan diariamente unas cuarenta personas, pero el CCRC no se limita a mirar hacia el mar desde nuestras islas: su verdadero valor estratégico radica en haber adelantado la mirada y la prevención hacia África Occidental, incorporando incluso personal de enlace de países africanos a la mesa de control y coordinación.
Más de cien efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad están desplegados permanentemente en países como Mauritania, Senegal, Gambia o Marruecos, colaborando mano a mano con las autoridades locales en el intercambio de inteligencia y en la desarticulación de las mafias que trafican con seres humanos. La relación de confianza establecida a través de este centro con los gobiernos, y por lo tanto, con los vigilantes de las costas africanas, tiene un valor incalculable.
Los datos revelados esta misma semana en una de las primeras (si no la primera) ocasiones en que los medios de comunicación acceden y conocen el trabajo diario del Centro, nos muestran la dimensión real de esta labor: gracias al esfuerzo coordinado desde el CCRC, en lo que va de año 2026 se ha logrado impedir en origen 7 de cada 10 de las salidas de embarcaciones con migrantes.
Dicho en cifras humanas: la vigilancia conjunta y la inteligencia policial han interceptado en la línea de costa o antes de embarcar a unas 17.000 personas en África Occidental. Son 17.000 seres humanos a los que se ha ahorrado una posibilidad muy grande de morir en la mar, contribuyendo decisivamente a un descenso de las llegadas a Canarias de entre el 44 % y el 55 % respecto a ejercicios anteriores.
Quiero concluir estas líneas con un homenaje emocionado y explícito a las personas que con tanta sensibilidad forman parte de un Centro que, no lo duden, salva vidas casi a diario. Empezando por el actual director del CCRC, el teniente coronel Álvaro Fernández, y siguiendo por el director de operaciones, el comandante Agustín Barroso. No tienen ni idea de lo que he aprendido, con ellos y de ellos, hablando de migraciones, de la Ruta Canaria y de la necesidad de dotar de mayor número de medios al salvamento de vidas en la mar en este trayecto tan peligroso.
Detrás de las siglas del CCRC, detrás de las pantallas de radar del SIVE, de los informes de inteligencia y de los mapas de situación, hay hombres y mujeres con nombres y apellidos. Hombres y mujeres de uniforme y de paisano que llevan veinte años entregando lo mejor de sus vidas, robando horas al descanso y soportando una sobrecarga emocional indescriptible. Muchos de ellos han sido testigos de grandes tragedias que llevarán para siempre en su memoria.
A todos ellos, los guardias civiles, policías nacionales, militares de los diferentes ejércitos, analistas del CNI, tripulaciones de Salvamento Marítimo y del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, marineros, médicos, enfermeros, operadores del 112 y voluntarios de Cruz Roja que han pasado por el CCRC en estas dos décadas: gracias de corazón. Gracias por su trabajo en la sombra, por su coordinación incansable y por no olvidar jamás que detrás de cada eco de radar en una pantalla hay una vida humana que merece ser salvada. Enhorabuena por estos veinte años de servicio ejemplar a la dignidad y a la humanidad.
José Segura Clavell
Director General de Casa África
