Desahogo

Con la que está cayendo deberíamos hablar de lo que importa

Las tres primeras acepciones que nos da la Real Academia de la Lengua sobre desahogo son: “Mejorar el estado de ánimo de alguien, aliviándolo en sus trabajos, aflicciones o necesidades” es la primera; la segunda nos dice que es “Aliviar a alguien en su ánimo de la pasión, fatiga o cuidado o que le oprime” y “Manifestar violentamente un sentimiento o un estado de ánimo aliviándose así de él”.

Periodistas, políticos, comunicadores o junta líneas como yo usamos el fácil desahogo para verter sobre todo aquello que no nos gusta las frustraciones que la pandemia o nuestra propia vida provocan en nosotros.

Resultan especialmente cansinas las tertulias televisivas, los mensajes de las Redes Sociales e incluso muchos artículos que lo único que buscan es el desahogo personal para conseguir ese alivio.

Sinceramente, con la que está cayendo creen en serio que a alguien le importa lo que pase en Galapagar, Génova o Ferraz. La preocupación de la abrumadora mayoría de la población es su salud y la economía. Saber si pasarán del ERTE al ERE o si su empresa se mantendrá a flote.

En Canarias nos preocupa ir al Puerto de la Cruz o Costa Adeje y ver todo trancado. Los aeropuertos bajo mínimos y las explanadas aledañas cargadas de vehículos de los Rent a Car. Mirar a Santa Cruz y ver su bahía con 5 ó 6 trasatlánticos fondeados es sencillamente descorazonador.

En estos momentos poco importan las siglas. Si fueron corruptos los de antes o lo son los que ahora nos gobiernan. Mete miedo la incompetencia de la “casta” para llegar a acuerdos de Estado que saquen al país de este trágico agujero en el que nos hemos visto metidos de un día para otro.

El problema de esta España nuestra –como dice la canción– es la tremenda incultura en la que los políticos han sumido a nuestra sociedad. Durante más de cuarenta años han sido incapaces de ver por los intereses comunes. La cultura es el bien intangible que hace que una sociedad camine por la senda adecuada.

Siete leyes de educación en democracia nos dan una media de seis años y pico por cada una de ellas. Eso no puede ser. Los resultados los vemos en nuestras calles y en las nuevas generaciones. Sobran comentarios y adjetivos. Las mentes de individuos que han sido criados en la ley del mínimo esfuerzo tiene consigo el resultado que vemos en nuestras ciudades, pueblos y barrios.- Confucio.

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