La Mechá

La Mechá suena cutre y la suerte que ha corrido su comercialización parecía predecible

Sería deseable una investigación sobre la excesiva subida de precios.

No es fácil de imaginar que un producto comestible elaborado bajo el dudoso nombre de La Mechá, pudiera haber despertado tanto interés culinario entre los andaluces.

Sin embargo, todo parece posible desde que Don Simón, sin ir más lejos, se atrevió con ese nombre a empaquetar un vino decente, en relación a su precio, en un vistoso tetrabrik y desde que Fairy hiciera lo propio con su popular detergente. Sin embargo, con La Mechá no se ha obrado el milagro de mantenerse indemne a la bacteria de la listeriosis que ha llevado ya a cobrarse tres muertes y a provocar algún aborto en tan poco tiempo.

La Mechá, y lo siento por los andaluces, suena algo cutre y la suerte que ha corrido su comercialización con ese nombre parecía predecible. Su elaboración artesanal, no reunía, al parecer, los requisitos imprescindibles e indispensables que son preceptivos en la manipulación de alimentos que aconsejan las entidades oficiales sanitarias andaluzas.

Pero lo que parece poco probable, según declaraciones del propietario de la fábrica donde se elabora el producto, es que las últimas inspecciones sanitarias realizadas a sus instalaciones por parte de los inspectores de la Conserjería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, hayan sido lo eficaces que cabría esperar de un organismo que presume de una gran competencia y capacidad en la detección de bacterias de cualquier tipo; tanto durante su manipulación como en el análisis de los instrumentos utilizados en la elaboración del producto, tales como los mechadores o las superficies de los obradores.

De modo que es lógico pensar que hayan podido existir otros responsables oficiales de esta contaminación bacteriana que mantiene todavía en vilo a muchos de los consumidores habituales del producto en cuestión. Depurar esas responsabilidades y dispensar las posibles indemnizaciones a todos los afectados por listeriosis habrá de resultar imprescindible si lo que se pretende es cerrar con garantías este negligente suceso en el que, al parecer, hay más de un culpable. Todo ello sin contar con las llamadas marcas blancas que también han comercializado los productos salidos de aquella factoría.

Pero insisto. Del nombre comercial del producto, La Mechá, no podía esperarse otra cosa que no fuera lo que ya, desgraciadamente, ha acontecido.

zoilolobo@gmail.com

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