InicioEL CALEIDOSCOPIOTribulaciones de la Familia Real española

Tribulaciones de la Familia Real española

Pese a que no son cosas que debieran importarme mucho, si reconozco que la reputación de la familia real viene siendo una suerte de calvario que no acaba sólo con las indiscreciones, infidelidades  y probables relaciones fraudulentas del emérito, sino que también se extiende al envarado y poco astuto de su yerno Urdangarín quién, en un alarde de presunción de inocencia y a espaldas de todavía su legítima esposa Cristina, ha sido pillado infraganti por la prensa del corazón como un romántico jovencillo a orillas de una playa al atardecer francés en compañía de una simpática compañera de trabajo.

La sensiblería típica española ha puesto de manifiesto su enojo ante tamaña desfachatez por parte de quién no sólo se aprovechó de la oportunidad que le confería su físico y su destreza deportiva para cautivar en su día el interés de la mayor de los hijos del entonces rey Juan Carlos  sino, además, lucrarse con total impunidad de las ventajas que le confería su condición de yerno en el seno de la familia real española y por las que fue juzgado y condenado mientras su esposa sufría las consecuencias que todos ya conocemos y en virtud de las cuales quedó alejada y desposeída de todas sus prebendas reales.

Nadie sabe que va a ser ahora de la infanta Cristina toda vez que sus empleos siempre estuvieron vinculados al interés que despertaba su figura monárquica en el desempeño de sus funciones administrativas. Apartada desde hace un tiempo del entorno oficial de la familia real y como víctima de la traición cometida por su todavía actual esposo, se me antoja más que probable que no le sea tan fácil ganarse la vida en una institución del carácter que ella exige y que le permita mantener su estatus, como infanta que todavía sigue siendo, a pesar de las circunstancias que concurren en su desolada vida privada.

Nobleza obliga. Ante las adversidades en las que se ha visto indirectamente implicado Felipe VI, no olvidemos que el entonces príncipe eligiera una plebeya como Letizia para desposarse, en un alarde de rebeldía que difícilmente fue admitido por el grueso de su propia familia. A pesar de todo, en ese aspecto parece ser que al Rey, hoy en día, no le ha ido tan mal como a sus hermanas mayores.

¿Qué esperaban los Reyes de un plebeyo como Iñaki Urdangarín? Pues nada menos que enriquecerse a toda costa, a cualquier precio y lo más rápido posible, pero su inocencia entonces, mezclada con su avaricia, le llevó a donde nadie quiere nunca ir y, de acuerdo a su buen comportamiento fue dispensado de un castigo tan crudo para compensarlo con unas horitas de trabajo en el exterior de la institución penitenciaria donde conocería a la joven que hoy en día ha sido causa de todos los males que sufre la infanta Cristina al sentirse traicionada, en una jugada típica de balón mano al borde del área de los sentimientos más frustrantes para cualquier mujer. Porque no olvidemos que la realeza también llora; único consuelo de comparación que nos queda a todos los plebeyos.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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