sábado, enero 31, 2026

Rey emérito

La Fiscalía del Estado se ha decidido, por fin, a intervenir de lleno en el asunto que vincula al rey emérito, Don Juan Carlos de Borbón, en relación a la supuesta comisión cobrada por su intermediación en la ejecución de la línea férrea en Arabia Saudí  y cuyo montante fue depositado en Suiza a través de testaferros tan elegantes como osados en la figura de la bella Corinna, por poner sólo un ejemplo entre otros, a fin de defraudar con este alarde de evasión romántica de capitales a la Hacienda Pública española.

Puede parecer mucho más criticable la cooperación de Corinna como testaferro que como presunta amante de Don Juan Carlos. Al fin y al cabo, el amor, aunque nazca de una infidelidad manifiesta, resulta consubstancial al género humano, sobre el que suele generar una suerte de locura inexplicable, bastante conocida popularmente en España como “locura de amor” y que ha servido en muchas ocasiones de argumento, entre otros géneros, el literario y/o artístico, como es el caso cinematográfico, en el que por mor de la censura, representada en la mayoría de los casos por la Iglesia Católica, la pecadora en cuestión, es decir, la amante, tendía a ser castigada por el atrevimiento de seducir a un hombre legalmente casado con una abnegada madre de familia, considerada siempre un ejemplo a seguir por el resto de jovencitas casaderas que aspiraban al matrimonio no precisamente con un Rey, pero sí con un joven príncipe azul, por lo menos.

De manera que la Hacienda Pública no ha tenido nunca en cuenta como atenuante la llamada “locura de amor” a la hora castigar como se merece a todo aquel que pretenda defraudar al erario, aunque sólo sea empleando como testaferro al presunto último amor conocido, pero desgraciadamente frustrado, -como parece ser el caso del rey emérito Juan Carlos y la elegante y bella cortesana Corinna. Frustración ocasionada por culpa del pertinaz seguimiento a ésta última por parte de los Servicios de Inteligencia españoles.

Según cuenta Corinna, la retirada de la asignación mensual a su padre, además de la renuncia a la herencia de éste por parte del Rey Felipe VI, obedece exclusivamente al hecho de su supuesta involucración en la fundación panameña Lucum.

Sea como fuere, ¿Estaríamos acercándonos a un posible desvanecimiento de la enferma monarquía para volverla en sí convertida en una saludable república?

Son todavía muchos los que piensan que no valdría la pena, por todo el trabajo y dinero que representaría cambiar la bandera a tricolor y eso no está todavía al alcance de los Presupuestos Generales del Estado.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

Artículo anterior
Artículo siguiente
RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES