Reposando

No sé si en Canarias se seguirá usando todavía, cómo cuando yo era chico, el mismo verbo como sinónimo de siesta y que no era otro que el de reposar. ¡Y ahora, niños, a reposar!, nos aconsejaban nuestras madres después de que comiésemos mucho o poco.

-¿Está su marido en casa, señora?

-Sí, pero ahora está reposando, lo siento.

De lo que no estoy del todo seguro es de si la siesta se originaba como consecuencia de estar reposando o viceversa. En cualquier caso, daba la impresión de que la excusa más apropiada y elegante era la de reposar porque el término envolvía una exigencia más bien terapéutica que otra cosa. Los médicos, en la mayoría de los casos, aconsejaban mucho reposo, sobre todo, después de las comidas. En lo que no se ponían muy de acuerdo una y otra parte, médicos y pacientes, era en la cantidad de tiempo aconsejable de reposo, de manera que muchos se pasaban todo el día reposando o, por lo menos, eso es lo que afirmaban con frecuencia algunas mujeres respecto de sus propios maridos.

-Se pasa todo el día reposando, mi niña. No ayuda nada en casa. Viene del trabajo, almuerza y, ¡hala!, a reposar y una trabajando todo el día como una perra. Estoy aperreada.

-Mientras reposa, por lo menos no está en los bares. Así es que date por satisfecha porque el mío viene con una peste a vino que ni te cuento. Y como trabaja de albañil, cada vez que le digo: ¡Que peste a vino!

-¿Sabes lo que me contesta?

-¿Y a cemento no huelo? Y entonces me da como pena y lo dejo estar.

En cualquier caso, el hecho de estar reposando parecía tener mejor prensa que estar haciendo la siesta porque el primer caso suponía prescripción facultativa y, sin embargo, el segundo se consideraba casi un vicio saludable porque no implicaba dolencia de ninguna clase ni condiciones terapéuticas. Era tratada, por decirlo así, como un auténtico lujo. De manera que yo aprendí enseguida la sofisticada diferencia entre estar reposando y dormir o echar la siesta.

De tal forma que durante el confinamiento al que llevo sometido por mor de la dichosa pandemia, no se ya cuantas horas he dedicado a reposar sin tener en cuenta de que, además, y a criterio de terceros, alguna siestecita como refuerzo también me he echado en el sofá aunque, eso sí, acompañado siempre de mi inseparable amigo Patxi que con casi ya quince años, se pasa todo el día durmiendo a mi lado y que sin ser criticado por nadie, me ayuda mucho a soñar con tiempos mejores.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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