Nostalgia

La nostalgia ha tenido siempre muy mala prensa. El paso del tiempo termina por instalarse definitivamente en ella y en ocasiones parece hasta imprescindible que así sea, como si se tratase de un sentimiento que nos afecta a muchos, de tal manera que sólo podremos remediar si conseguimos olvidar lo felices que fuimos durante algunos momentos ya pretéritos; incluso en el del más inmediato.

El pasado más próximo de felicidad por lo que a mí respecta, ha sido aquel otro inmediatamente anterior a la perversa presencia del Covid-19 en nuestro país, por no decir en el mundo entero y a él me remito cuando la nostalgia acude a mi auxilio en forma de consuelo para hacerme creer que aquellos prósperos días volverán de nuevo y recordarme que, -como muchos siguen negando todavía, cualquier tiempo pasado fue mejor, con permiso de Manrique.

De lo que no cabe duda es de que el presente que estamos viviendo no nos invita a ser felices, a eso otro a lo que llamamos disfrutar de la vida. Estamos obligados a pagar un precio muy alto por simplemente sobrevivir, mientras continuamos echando de menos aquellos fabulosos días de vino y rosas de los que tanto habíamos oído hablar hasta sólo hace unos meses.

Cuando todo esto pase, siempre recordaremos esta pandemia como un inmerecido castigo de la naturaleza hacia el género humano y por el que esta vez hemos tenido que pagar tanto justos como pecadores. Mientras tanto, la nostalgia se ha afincado entre nosotros, más como un sentimiento que un contratiempo, y precisamente,  gracias a ella, las expectativas de vivir mejor y de manera más saludable se mantienen con renovadas esperanzas en un futuro mejor para todos.

De manera que los nostálgicos estamos avocados a refugiarnos más que nunca en los recuerdos más inmediatos, aquellos anteriores a la nefasta presencia del Covid-19 en el año 2020 de nuestra era.

Espero que esa nostalgia no alcance la mala reputación que algunos le venían adjudicando por su supuesta banalidad, sino que su presencia como sentimiento bien sirva  para aliviar un poco la situación tan penosa que nos invita a refugiarnos en ella como mal menor si cabe. También el romanticismo se siente imbuido de una cierta nostalgia de la que no se podría prescindir si lo que uno simplemente desea es desprenderse de una ridícula mascarilla, recuperar la socialización que paulatinamente hemos ido perdiendo y abandonar lo antes posible el confinamiento al que muchos todavía se sienten supeditados como consecuencia de las directrices de la política sanitaria.

Lo mejor está todavía por venir.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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