lunes, mayo 23, 2022
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Margarita Robles

Empiezo a imaginarme espías por todas partes intentando contrarrestar intenciones fraudulentas, abortar golpes de estado, impedir evasión de capitales, frenar la corrupción política, colapsar aspiraciones independentistas, anular conspiraciones contra el gobierno, evitar trasiego de informaciones todavía clasificadas, suspender el tráfico de influencias, anular ventas de documentos sobre materias reservadas y un tan largo etcétera de delitos que quizás no puedan saberse con la suficiente antelación como para tratar de desmantelar todo el entramado que amenaza al frágil armazón que supone la democracia actual en un país cuya economía se la reparten a mordiscos unos pocos privilegiados, ávidos de enriquecerse lo más rápido posible a costa de las perentorias necesidades de los más desfavorecidos.

No se trata éste de un país imaginario donde las buenas costumbres serían suficientes como para evitar la presencia perpetua de agentes de paisano, detectives, espías, policía secreta, inspectores  de todo tipo: de hacienda, de trabajo, de guardia, de medio ambiente, de espectáculos y no sé de cuantas otras muchas más actividades relacionadas con nuestra aparente apacible vida cotidiana en un país tan generoso como el nuestro; con sol casi todo el año, magníficas playas, espesos bosques, sana gastronomía, etc., pero donde las cárceles no se llenan del todo porque todavía están pendientes de juicio todos aquellos delincuentes que la policía, por falta de tiempo, aún no ha podido llevar a presencia del juez correspondiente.

¿Quién espía a quién y por qué? Esa es la pregunta que todo el mundo ha insistido en hacerle a Margarita Robles tratando de saber en qué consiste el trabajo llevado a cabo por el CNI y cuya supuesta intromisión ha podido llegar a violar la intimidad personal de un manojo de políticos entre los que se encuentra el propio presidente Pedro Sánchez.

¿Por qué muchos creen que la destitución de Margarita Robles como supuesta responsable del Centro Nacional de Inteligencia podría desencadenar un alzamiento del ejército de este país?

Cuando se utiliza el comodín del miedo a un levantamiento militar para ocultar un grave delito cuyas raíces penetran hasta lo más profundo del concepto de estado, toda la ciudadanía se pone en guardia ante el temor anunciado de un alzamiento como el que a la sazón protagonizara Franco en el año 36 del siglo pasado. De modo que mientras ese miedo se perpetúe en el tiempo, otros muchos continuarán arrogándose el derecho exclusivo a continuar delinquiendo en beneficio propio y en nombre de la seguridad nacional.

En cualquier caso, Margarita Robles nos ha ofrecido la cabeza de turco anunciada de Paz Esteban, hasta ahora directora del CNI, para que saciemos, según su propio criterio, nuestra inagotable sed de venganza y la ha sustituido por una entrañable amiga de su total confianza y de nombre Esperanza Casteleiro.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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