Mala conciencia

Imagen de archivo.

A juzgar por todo lo que comentan los distintos medios de comunicación del país, la total descoordinación  entre los representantes de la sanidad pública de la comunidad de Madrid y los de la educación pública en general parece más que notoria. Nadie se pone de acuerdo en las medidas de prevención correctas a establecer en el interior de los distintos colegios de primaria, con lo que ello conlleva de natural preocupación para los padres respecto de los contagios que puedan contraer sus hijos en edad escolar.

No parecen consejos arbitrarios sino más bien una absoluta falta de rigor en los mismos a la hora de establecer criterios fiables para tratar de frenar la expansión de la pandemia con suficientes garantías. Muchas otras medidas ya se han ido tomando al respecto, ayudadas de la propia intervención ciudadana, sin contar con la gran irresponsabilidad demostrada por un alto porcentaje, juvenil en la mayoría, que continúa sin atender y seguir los consejos sanitarios respecto del uso de mascarilla y distancia social de seguridad con todo lo que ello conlleva de peligro para el resto.

La mayoría de gente que como yo asume la responsabilidad que nos toca aceptar en estos momentos tan críticos, está más que convencida de que tarde o temprano la solución vendrá de la mano de una eficaz vacuna que consiga no sólo erradicar o paliar en gran medida el peligro que todavía nos acecha sino que, además, daría definitivamente al traste con tanta mascarilla y peor confinamiento obligado por las autoridades competentes. Desde luego que nuestra libertad individual ha sido puesta en cuestión, pero no por el hecho en sí mismo del confinamiento obligado, sino por la sensación que se tiene de que de nada ha servido su cumplimiento como para quitarnos de encima el miedo a ser contagiado por el Covid-19.

Esta pandemia, como otras muchas en el pasado, marcará un antes y un después en nuestras vidas, pero de todas aquellas situaciones hemos sabido salir mejor o peor parados. El ejemplo  inmediatamente anterior lo hemos tenido con el SIDA y, a pesar de todo ello, hemos sabido paliar su mortalidad, producida también como consecuencia de nuestras propias relaciones personales con terceras personas presuntamente asintomáticas.

Sin embargo,  tendremos que lamentar profundamente la muerte de tantos miles de enfermos a causa del contagio de un nuevo y desconocido virus que por supuesta negligencia de algunos pesará de por vida sobre sus malas conciencias.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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