Livingstone y Villarejo

Villarejo a ser noticia por haber trabajado a sueldo a cargo del BBVA

Sr. Villarejo:

A Vd. no le dirá nada, pero mi nombre en clave es Livingstone y lo he elegido precisamente como justo homenaje a los distintos exploradores y descubridores británicos que con su arduo trabajo en tierras desconocidas dieron lustre a la Corona Inglesa en el siglo XIX y a los que les guardo una cierta y sincera simpatía. Pero no se haga muchas ilusiones si espera Vd. reconocer en esta foto a alguien en particular porque ese rostro que aprecia tras las gafas de sol está confeccionado con un programa informático fotográfico por ordenador y no corresponde a nadie en concreto aunque si debo admitir que se trata de mi carta de presentación, mi tarjeta de visita si lo prefiere.

En realidad, lo que realmente me siento es investigador y en tal sentido me considero como el precursor de Sam Spade del siglo XXI que como usted bien habrá de sospechar es mi personaje de ficción favorito, creado como detective, -como usted también debiera saber-, por el conocido escritor americano Dashiell Hammett.

Dicho esto, ha vuelto usted a ser noticia en todos los medios de comunicación por haber trabajado a sueldo a cargo del BBVA a cambio de una serie de informaciones obtenidas, -sin rigor alguno y de manera fraudulenta, además de poco fiables-, en distintas tertulias de sobremesa frente a lonchitas de jamón Joselito y vinito fino de Jerez para animar el cotarro y soltar así la lengua de aquellos responsables, sospechosos de llevar a cabo últimamente un intento de compra del banco por parte de la constructora Sacyr, aunque algunos citan que sus actividades de escuchas sólo son transcripciones que ponen en duda la veracidad de las conversaciones obtenidas por su equipo merced, supuestamente, a pinchazos telefónicos camuflados. En fin, como siempre, una auténtica chapuza.

Siento comunicarle que, desde mi punto de vista profesional, deja usted mucho que desear como informante e investigador privado habida cuenta de que, por no procurarse a tiempo coartadas sólidas con las que demostrar en el momento oportuno su supuesta inocencia en los distintos casos de intromisión en los que ha participado y de los que se le acusa formalmente, se encuentre hoy entre rejas, pendiente de ser acusado y condenado por los distintos delitos que se le imputan.

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Aun así, insiste usted ante los medios de comunicación en pasar desapercibido, protegiéndose para ello de gafas oscuras, barba de dos meses y carpeta con la que intenta ocultar la forma con la que sus labios se dibujan en su rostro cuando responde lacónicamente a las preguntas de los periodistas. Sin embargo, aparte de todo lo demás, se cubre usted la cabeza con esa estrecha gorrita de maletilla castizo que, en realidad, no le hace justicia si no fuera porque tampoco a usted le han dado todavía la alternativa ni la confirmación que se precisa en cuanto a investigador se refiere. Cuando alguien como usted se debe exclusivamente al mejor postor resulta poco recomendable y, mucho menos, fiable.

Pero en su intención última de pasar desapercibido del todo se intuye esa voluntad de hacernos creer que su modo natural de caminar es como el que el resto de interesados apreciamos en las pantallas de televisión: encorvado, la cabeza gacha con barbilla rozando el pecho, las piernas separadas al caminar y braceando enérgicamente muy lejos de la cadera derecha y con el ángulo del codo rozando los noventa grados.

Debe ser usted muy optimista si cree que después de que recupere la libertad nadie le reconocerá cuando se desplace por la calle sin barba, sin gorra, sin gafas, sin carpeta, con pasitos cortos y derecho como una vela y los brazos rozando las caderas donde probablemente no precisará cartucheras que guarden pistolas porque quizás le hayan prohibido portar armas de fuego a partir de entonces pero, sin embargo, yo, Livingstone, si le reconoceré porque jugaré con la envidiable ventaja no sólo de pasar desapercibido para usted sino con la que me permite la experiencia acumulada durante los años que llevo estudiando las características físicas de un personaje de su calaña por el que siento, a pesar de todo, una profunda lástima.

Hasta la vista, inspector Villarejo.

zoilolobo@gmail.com

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  • En mi modesta opinión, si Villarejo ha de permanecer tánto tiempo entre nosotros como Livingston… apañados vamos ……, hay alguna similitud entre ambos, una de ellas es la de que ambos se esconden en su personaje para cometer vilezas, uno más que otro, por supuesto…..ya que si bien parece que en inglés, todo suena mejor, no por ello las tropelías británicas hacen ó han hecho menos daño.
    En fin, genial el artículo de Zoilo (como ya nos tiene acostumbrados), pero que sepan Villarejo y Livingston que cuanto más se disfrazan, más les reconocemos !!!! 🙂

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