Exilio voluntario

Juan Carlos I de España fue rey de España (Jefe de Estado) desde el 22 de noviembre de 1975 hasta el 19 de junio de 2014, fecha de su abdicación

Ya no cabe la menor duda de que el dictador, antes de morir, lo dejó todo atado y bien atado y es por ello que los españoles tuvimos que cargar por un lado con una monarquía que llevaba consigo aparejada lo más recalcitrante del franquismo, con el medievalismo que supone, por otro, la servidumbre a un rey cuya corona fue transformada en una monarquía parlamentaria como respuesta a lo que hubiera podido ser una tercera república. La excusa expresada por el entonces general Franco para legitimar el golpe de estado fue la incapacidad de la segunda república para gobernar un país en bancarrota y falto de una autoridad contundente como aquella de la que presumía el dictador.

Por no describir con más detalle las ventajas que suponía para Juan Carlos el estar sujeto a este sistema de gobierno de monarquía parlamentaria, digamos que el trance por el que se ha visto obligado a abandonar el país en connivencia con los deseos de su propio hijo no consiste en un exilio ordinario por razones estrictamente políticas, sino que responde a la necesidad manifiesta de no querer enfrentarse en su propio reino a la actividad de la justicia ordinaria por sus probables cuentas opacas en entidades financieras suizas que en su día fueron avaladas por intermediarios de la categoría, por ejemplo, de la supuesta cortesana consorte y amante del entonces rey, Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

Muchos españoles dicen sentirse “juancarlistas” y no precisamente monárquicos y eso, en todo caso, resulta una gran contradicción por cuanto Juan Carlos I fue rey de España, aunque bien es cierto que no de todos los españoles, como es mi caso. Nadie puede estar por encima de nosotros y nuestras voluntades como no sean los acuerdos pactados de antemano por los interesados en formar un estado de derecho. Así de simple.

Caso bien distinto es aquel otro por el que, -tan bien atado dejó Franco a su muerte el paquete de la monarquía-,  nos hemos visto obligados a cargar con ella y sus consecuencias hasta nuestros días, sin posibilidad alguna de cambio porque, seguramente, habrá quién siga creyendo, en un país tan católico como el nuestro, que el Rey se considera, todavía hoy, el representante de Dios en la tierra. Y, ¡claro! Hay tantos representantes de Dios en la tierra como monarquías existen todavía en el mundo. Mientras Dios, según los católicos, es uno, sus representantes en el orbe siguen siendo, sin embargo, muchos; lo que también significa una gran contradicción que ha venido soportando estoicamente el pueblo llano, o lo que es lo mismo, el vasallaje, según la connotación que se tiene de los súbditos de un rey, aparte de los títulos que este haya podido conceder por su lealtad a la corona; y da también la casualidad de que esos títulos son muchos.

De manera que el exilio del rey emérito en un país extranjero será el primer capítulo de una serie de futuros acontecimientos que se nos antojan interesantes y que, seguramente, precipitará de una manera u otra, el probable advenimiento de la futura república que todavía esperan muchos españoles.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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