Espartanos

La proliferación de gimnasios en detrimento de las bibliotecas se han incrementando

El paso dado a la fase uno de la llamada «desescalada» ha traído como consecuencia que cientos de pseudo deportistas se hayan puesto de acuerdo para lanzarse a la calle a la vez, en una frenética carrera hacia ninguna parte a través de parques, avenidas, playas, carreteras, caminos vecinales, etc., casi atropellando a aquellos otros que, aunque caminando, también a su manera, contribuían a mantenerse en forma y, sobre todo, a gozar de un día espléndido como el del pasado domingo. Nunca tanto desenfreno deportivo había despertado en mi tanto interés como para tenerme que preguntar qué extraño fenómeno es el que en realidad mueve a tanta gente a interesarse por mantenerse en tal forma física de esa manera tan desmedida.

Imagen de Heracles, héroe de quien los espartanos decían descender. (K.I.)

La proliferación de gimnasios en detrimento de las bibliotecas se han incrementando de tal manera que, en más de una ocasión, ya he oído confesar a varios de estos atletas urbanos de que jamás habían leído un libro. Ello me ha llevado a pensar que, en realidad, el ejercicio intelectual no interesa para nada; sólo el físico. Pero si paramos atención a este fenómeno, llegaríamos a la conclusión de que ni siquiera consiste en eso; el ejercicio físico, hoy por hoy, se ha convertido sólo en la excusa perfecta para presumir simplemente de una anatomía envidiable a juicio de los propios interesados.

Esa vida tan espartana que pretenden llevar algunos, no se parece en nada con aquella otra que hicieron célebres a los miembros de las falanges de Esparta, cuya especial educación, denominada agogé, estaba centrada exclusivamente en el arte de la guerra. De modo que ni siquiera hoy, el cultivo del músculo en los gimnasios actuales,  resulta imprescindible como para desempeñar un trabajo duro, porque la musculatura, afortunadamente para el obrero, ha sido substituida, con más o menos acierto, por máquinas de mucho mayor rendimiento y eficacia en lo que a fuerza se refiere.

Un libro en un gimnasio resulta ser algo inaudito, incluso yo diría que peligroso. Hasta tal punto que he llegado a imaginar que debe ser causa de despido de su propietario. Por eso, no hace mucho y según me han comunicado periodistas de toda confianza, de la categoría intelectual del niño Marhuenda y el tahur Inda, respectivamente, en un conocido gimnasio de Barcelona, al parecer, un monitor había encontrado casualmente, cerca de un rincón, un libro titulado El guardián entre el centeno. Visiblemente alarmado por un hecho tan inusual, al día siguiente reunió a todos los atletas que se habían dado cita el día anterior y dispuso que aquello no podía volver a ocurrir, so pena de que su propietario se considerara despedido para siempre de la entidad. Sin embargo y pese a que él mismo había cometido el error de haber leído un libro durante su juventud, decidió una solución sin precedentes en el mundo del culturismo y dar una nueva oportunidad al desdichado.

Reunió a todos los atletas de su competencia y propuso una solución salomónica: “Fingiré no haber encontrado el libro. Lo colocaré en el suelo, apagaré las luces y nos quedaremos completamente a oscuras. Iréis pasando uno a uno con vuestras mochilas junto al libro y aquel que sea su propietario podrá hacerse de nuevo con él y llevárselo a casa sin que nadie sepa nunca a quién ha pertenecido

Cuando hubo pasado el último, se encendieron las luces. El libro había desaparecido.

El guardián entre el centeno.  J. D. Salinger

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

7 Comments

  • Maravilloso artículo. Increíblemente ingenioso y cargado de fina sabiduría. Le felicito, siga en la misma línea. Se nota que es licenciado en Bellas Artes.

  • ¡Muchísimas gracias, Mordor!
    Resulta muy alagador saber que alguien ha entrado en el espíritu del relato. ¡Gracias de nuevo!
    Atentamente. Zoilo López.

  • Doctor en Derecho, Licenciado en Periodismo, director de periódico, Profesor Titular de la Universidad Rey Juan Carlos, exprofesor de la Universidad Abad Oliva CEU, exprofesor de Comunicación Audiovisual en la UAB, Premio Internacional de Historia del carlismo en 2011, exdiputado del Parlament de Catalunya, la verdad es que es un niño bastante aplicado.
    Director de varios medios de prestigio nacional, fundador de otros, periodista y responsable de destapar casos como Bárcenas, los sms de éste con Rajoy, los chanchullos del clan Pujol, los dineritos de Mas, Caso Urdangarín y todo lo que llevó aparejado con personas implicadas del más alto estatus, Caso Kitchen y lo que quedará por venir. La verdad que para ser un presunto tramposo es bastante rompe monopolios del poder. Todo lo dicho es constatable y bastantes han pasado por el trullo.
    Nota de Redacción: Este comentario ha sido editado por contener lenguaje no adecuado y afirmaciones que no se ajustan a lo políticamente correcto

  • Estimado LICOR 43:
    Me atrevería a decir que me gusta más el ANIS DEL MONO, pero ni siquiera me doy cuenta de quién ni de qué me está Vd. hablando. Lo siento

  • Desconocido LICOR 43:
    Sólo admito pseudónimos a aquellos que están de acuerdo con mis opiniones. No me gusta tener enemigos en la sombra. Yo firmo con mi nombre y apellidos y, como mínimo, exigo lo mismo. ¿Le parece bién?

  • La verdad es que más que el Anis El Mono me gusta más el Tío Pepe, ese sombrero andaluz da mucha clase y señorío, no como otros sombreros. Supongo que en su vasta cultura, con v, podrá adivinar que hablo de dos personajes a los que usted le tiene mucha tirria. Si usted no admite seudónimos me importa muy poco, el problema es que no admite críticas. Está usted muy escorado y he podido observar que si no le gusta algo entra a matar como el seudónimo que usa en su correo.
    Los artistas, como usted deben saber que la belleza y el criterio depende del ojo con el que lo mire. Abra usted los dos ojos, no solo el izquierdo. Por cierto, en mi comentario creo que no le falté en absoluto el respeto, ahora bien si quiere que le diga que me encantó su fina crítica y lo maravillosamente que escribe pues vale, señor Zoilo: Es usted fantástico.
    Ojo, la parte censurada, que llaman eufemísticamente editada, no decía nada en referencia a usted. Que le quede claro.

  • Le seré sincero, LICOR 43. Desde luego que no me gustan nada esos dos periodistas en particular. Mi pseúdonimo es una simple abreviatura de mis dos apellidos LOpez BOnilla (LOBO). Yo no he afirmado que me haya faltado Vd. al respeto y le agradezco mucho sus cumplidos. Los discursos de Marhuenda ¿no? e Inda, sólo los mastico muy bien pero nunca me los trago. Reconozco que en ocasiones me ensaño un poco con ellos, pero es más bien una caricatura literaria que otra cosa.
    Esta noche, a su salud, me tomaré un Tio Pepe, que en eso si que estamos de acuerdo.
    Atentamente, Zoilo López Bonilla.

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.