jueves, octubre 28, 2021

El rey caído

Me sobra tiempo suficiente como para sufrir las consecuencias que se desprenden de las decisiones tomadas por los jueces en favor de la inocencia del Rey emérito y que como argumento han declarado que no se puede probar con la contundencia suficiente su participación en los hechos que se le imputan y de los que todos teníamos conocimiento previo.

Con esta declaración de inocencia, el caso queda prácticamente cerrado mientras el honor de don Juan Carlos ya no queda en entredicho frente al ridículo en el que, hoy por hoy, queda su propio hijo, Felipe VI, al haber renunciado precipitadamente, por el supuesto mal comportamiento de su propio padre, a la parte que le hubiera podido corresponder de su cuantiosa herencia.

Con su proclamada inocencia, la España monárquica se ha despojado de su severidad palaciega para aclamar de nuevo al rey que nos impuso el general Franco en el paquete de severas medidas que a su muerte dejó atado y tan bien atado como para tener que aceptar una transición con una monarquía postiza que, aunque muchos no lo reconozcan, ha dado tan mal ejemplo y ha dejado en tan mal lugar la democracia española.

A criterio de algunos, los Emiratos árabes fueron los responsables de ayudar económicamente al Rey más pobre de Europa para que, a cambio de sus muchas influencias, pudiera codearse con las monarquías más selectas del continente, lo que le permitiría granjearse, aún más si cabe, la confianza de los emires para, según algunos, no nos faltara, por ejemplo, el abastecimiento de petróleo cuando la severa crisis del golfo. Este episodio concreto del que toda la derecha parece congratularse, sumado a aquel otro de su titubeante intervención para abortar el golpe de estado perpetrado por los militares aquel 23 de Febrero de hace ya algunos años, han sido los dos únicos pilares en los que sus adeptos hacen descansar la supuesta honorabilidad de un rey que le redime de los otros muchos criticables comportamientos que jalonan la extensa biografía de Juan Carlos I de España.

La periodista francesa, Laurence Debray, acaba de publicar una biografía de Juan Carlos bajo el título de Mi rey caído, en el que anticipa con ese posesivo “mi” en la cubierta, la estrecha relación que pudo haber mantenido con el emérito y que tantos dividendos habrá de proporcionarle en los próximos días. De manera que tanto la bella hija de Régis Debray como la elegante princesa Corinna y tantas muchas otras, no han sido más que caprichos típicos de la dinastía borbónica y por los que ha debido pagar el cuantioso tributo que siempre exige la carne.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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