La garantía de mi propio criterio siempre ha estado avalada por lo científicamente demostrable. En función de esa premisa resulta muy difícil verter una opinión favorable a todo aquello que queda en manos de los medios de comunicación y que puede dar lugar a justificar o no la cruenta guerra que se libra entre Ucrania y Rusia porque nuestro criterio, si se pronuncia, puede estar condicionado por la opinión interesada de de cada una de las partes en conflicto y que nosotros en absoluto podemos controlar aunque sí intuir.
Sin embargo, si el criterio está basado en pasadas experiencias bélicas similares, es probable que tengamos razón cuando de manera particular tratamos de rechazar cualquier guerra que incida desfavorablemente en la razón de ser del ser humano, que es vivir en paz hasta el final de sus días.
De manera que me atrevo a decir que no hemos aprendido nada de todo lo acontecido en la historia de la humanidad hasta nuestros días y, en tal sentido, el criterio no nos ha servido absolutamente de nada, porque siempre trataremos de justificar lo injustificable y arrimar el ascua a nuestra propia sardina cuando nos conviene.
Por todo ello, no me atrevo a opinar sobre la autoridad moral que obliga a los dirigentes de ambos países a justificar una acción militar de tamaña envergadura y que, hasta ahora, se ha cobrado el futuro o la vida de tantos miles de personas, inocentes y ajenas a los espurios interesen económicos.
Para terminar, sólo exijo como muchos otros, el fin de una contienda de la que no poseemos el criterio adecuado como para exigir las suficientes garantías que permitan establecer las razones que nos han llevado a un total fracaso de la diplomacia política en favor de una paz con condiciones favorables para ambos países.
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Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
