Comisiones y drogas

Los limites y controles en los Estados deberán garantizar la libertad de todos.

No puede entenderse que el PSOE, en connivencia nada menos que con el PP y Vox, haya dispuesto en el Congreso no perseguir los supuestos delitos financieros del rey emérito cuando la Fiscalía del Tribunal Supremo ya se había inclinado por abrir una investigación sobre el caso que relaciona a Juan Carlos con el supuesto cobro de comisiones por el trazado de la línea férrea en Arabia Saudí.

A criterio de los letrados del Congreso, al ex monarca le avala, -aún después de su abdicación en favor de su hijo Felipe-, la inviolabilidad tras la cual ha venido ocultando sus finanzas, engrosadas por el cobro de las supuestas comisiones ilegales por sus servicios prestados en beneficio, según algunos, de la consecución en el extranjero de ventajosos contratos para la industria española.

No todo el mundo está a favor de las decisiones tomadas por los letrados del Congreso en relación a este caso en particular y la prueba de ello es el clamor suscitado por la ciudadanía y por el que se escandaliza, y con razón, de que la Justicia, en un estado de derecho, no sea igual para todos; si bien es verdad que no todos somos capaces de generar contactos tan prestigiosos como para que la industria española pueda beneficiarse de unos suculentos contratos que a buen seguro nos hubieran agradecido  con el pago de substanciosas comisiones en concepto de intermediarios, pero la verdad es que la mayoría de los mortales no llegamos a alcanzar tal privilegio como para tales dádivas.

Dejando aparte lo escandaloso que pueda parecernos la inviolabilidad de Juan Carlos, lo escuchado hoy por parte del dirigente de Vox, Javier Espinosa de los Monteros, sobre la necesidad de hacer un test de detección de consumo de drogas a sus señorías en el Congreso, parece de risa. Como si el consumo de tabaco y alcohol que se expende en la misma sede, estuvieran exentos de esa maliciosa sospecha que pesa sobre algunas de las jóvenes señorías que defienden con tanto ahínco los intereses de sus respectivos partidos. Aún yo diría más: no se podría soportar la tediosa intervención de algunos diputados sin estar bajo los efectos, como mínimo, del cannabis. Incluso me atrevería a ir mucho más lejos si confesara que muchos ni siquiera acudirían si se prohibiera el consumo de estupefacientes. Tal vez sólo lo hicieran los ujieres y taquígrafos.

Dejando a un lado la seriedad con la que se deberían tomar estas cuestiones, sí que me parecería divertido que antes de cada sesión, como si se tratara de un consejo de ancianos de las conocidas tribus indias, sus señorías pudieran compartir los efectos pacíficos que producirían los efluvios de una “pipa de la paz” en favor de llegar a acuerdos de progreso que interesen a toda la población que depende de su cordura política, pero, desgraciadamente, si la propuesta del señor de los Monteros consiguiera llevarse a cabo, me temo que sólo podrían ocurrir dos cosas: que al parlamento no acudiese absolutamente nadie o, si acuden, jamás lleguen a un acuerdo satisfactorio para nuestros propios intereses. Así de sencillo.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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