domingo, enero 29, 2023

Alex El Lince

Después de mucho tiempo y acuciado como me encontraba por la llamada crisis económica que continuaba adelgazando cada vez más al país decidí entrar de nuevo a aquella antigua Casa de Comidas a la que hoy llamaban eufemísticamente Restaurante, a pesar de seguir sirviendo, como siempre, suculentas y económicas comidas caseras de aquellas que cocinaban nuestras madres y abuelas.

Los hijos de sus antiguos propietarios conservaban todavía sobre las mesas los mantelitos azules y blancos a cuadros de hule sobre los que descansaban unos diminutos búcaros de barro cocido repletos de graciosas e inodoras florecillas rojas de plástico.

Una masa oscura de hombre cubierto con sombrero me siseó desde la penumbra del rincón opuesto al que ahora me encontraba. Acudí a su encuentro con la vaga sospecha de saber de quién se trataba a juzgar por los destellos que desprendían su enorme anillo de oro de dieciocho quilates y la pulsera de su, sin embargo, falso reloj Rolex. Efectivamente, la chatarra en sus muñecas le había delatado; se trataba de Alex, antiguo conocido mío quien desde muy joven nos había impresionado a todos no sólo por su profundo sentido del humor sino, además, por sus extraordinarios éxitos conseguidos en los negocios en los últimos treinta y cinco años.

Me fundí en un sincero abrazo entre los ciento cincuenta kilos de mi entrañable amigo.

-¿Qué tal van los negocios, Alex?  -pregunté a modo de saludo-.

-Bien, bien, ahora me dedico a la venta de gas y, a pesar de la crisis, me va fenomenal; esa es la razón por la   que últimamente frecuento este viejo restaurante, -me susurró a medida que llegaba al final de la frase-.

-¿Qué relación guarda la exitosa venta de gas con que comas a diario aquí? -inquirí yo con suma curiosidad.

-Veras, -me dijo-, se trata del tipo de comidas que aquí puedo ingerir. Eso me facilita la producción de gases que luego vendo a la antigua Unión Soviética, Rusia y los países del Este. Nunca he sido tan feliz de haber engordado tanto y de que tantos kilos me reporten tan pingües beneficios.

Jamás pude saber si en realidad hacía sólo gala de su exacerbado sentido del humor o  si, como todos creíamos, Alex resultaba ser un auténtico lince para los negocios.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

RELATED ARTICLES

El desalmado

Oferta de empleo

Sex Subasta (SS)

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES

El vuelo 0110

Ya soy mayor