Adiós, julio

No me parece que el Puerto de la Cruz atraviese por una decadencia en sus instalaciones urbanas y hoteleras

Vista parcial del Puerto de la Cruz, Tenerife, ciudad precursora del turismo en Canarias.

Hoy regreso a Cataluña después de mis felices vacaciones en el Puerto de la Cruz. Y regreso olvidado de cualquier acontecer político producido durante este breve periodo de tiempo de un mes que me ha parecido escaso, dado lo bien que se está al amparo de un clima tan benigno como es el de Tenerife, por no decir de las islas en general.

No me parece que el Puerto de la Cruz atraviese por una decadencia en sus instalaciones urbanas y hoteleras como algunos declaran. Ya quisieran muchos otros lugares poder presumir de unos parques tan bien cuidados y respetados, por poner sólo un ejemplo de civismo por lo que respecta a la flora, cuando no a sus playas y a su símbolo natatorio como el de San Telmo, lugar de encuentro y solárium de gentes de todas las edades y condición social, como ha venido siendo tradición durante tantas décadas.

El Lago de Martiánez goza también de gran popularidad y sus instalaciones me parecen dignas del uso que los bañistas, oriundos y extranjeros, hacen de ellas. Sólo debo lamentar en favor del comercio de la zona, el estrago económico que ha supuesto la aparición del coronavirus en detrimento del turismo internacional para el que el Puerto se encuentra totalmente preparado para recibir y acoger prácticamente sin riesgo alguno.

No quisiera olvidar la seductora Playa Jardín, que junto a Punta Brava resulta de visita obligada por su belleza y tranquilidad, sobre todo cuando la luz cansada del atardecer se sumerge en el mar, allá por el horizonte resplandeciente.

No me será tan fácil volver a enfrentarme con la realidad política de la que no tengo, hoy por hoy, ninguna esperanza fundada en su eficacia, pero cuyos representantes son los que hemos elegido, sin las suficientes garantías de una mejora económica y social que esté a la altura de las circunstancias de las que, además, ha terminado por empeorar el Covid-19.

Esperemos que hacia el otoño próximo podamos sentirnos mucho más seguros en todos aquellos aspectos que preocupan a la mayoría de españoles en cuestión de empleos, salarios, vivienda, sanidad, etc., etc., y nos atrevamos a enfrentarnos, por fin, al virus con una vacuna que nos inmunice de su agresividad perniciosa cara a un futuro cada vez más esperanzador.

Regreso para volver a sufrir las consecuencias de la vida rutinaria que nos depara la dependencia de la mascarilla y, tal vez, de un nuevo confinamiento que espero que no ocurra por el bien de la economía del país.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes.

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.