A las pruebas me remito

La justicia ha hablado.

Nadie sabe muy bien a qué atenerse. Me refiero al escándalo en el que se ha visto envuelto Pablo Iglesias en relación a la posible imputación de los delitos que se le acusa como consecuencia de su supuesta estrategia llevada a cabo en el caso del posible robo del teléfono de su asesora Dina Busselham y las alteraciones físicas a las que su tarjeta pudo ser sometida.

El juez Manuel García Castellón no sólo ha retirado la condición de víctima de Iglesias y solicitado al Supremo que investigue al vicepresidente del gobierno, sino que, además, ha llegado incluso a quejarse de las veladas amenazas que ha recibido por parte de algunos miembros de Unidas Podemos; lo que pone mucho más difíciles los acontecimientos en estos momentos tan duros, pero todo y en cualquier momento es válido si lo único que se persigue es el desprestigio de los comunistas en momentos tan delicados.

El caso en sí parece ser un tanto escabroso habida cuenta de las implicaciones que puedan ser objeto de ser ocultadas en su beneficio por parte de los responsables. Desde el propio Villarejo, la asesora Dina Busselham, el vicepresidente Iglesias y hasta el mismo Antonio Asensio, presidente del Grupo Zeta, editor de la revista Interviú.

Demasiados protagonistas en relación con un delito aparentemente menor y por el que Pablo Iglesias por su condición de aforado podría verse bien librado si llegara a admitirse su culpabilidad. En cualquier caso, desde que Unidas Podemos consiguiera ser un aliado de lujo del Partido Socialista, no han sido pocos el resto de partidos que han medrado lo suyo para intentar desprestigiar a la mayoría de miembros visibles de la agrupación morada sin que, hasta la fecha, ningún tribunal les haya encontrado culpables de los muchos delitos que se le atribuyen.

Esa cortina de humo provocada por la imprecisa decisión del juez Manuel García Castellón, parece sospechosa de tener como único objetivo el tratar de ocultar una larga serie de males mayores políticos a los que no deberíamos prestarnos a engaño, so pena de que lleguemos a creer que de esta acusación a Iglesias dependa la credibilidad de un gobierno socialista de coalición; lo que no es el caso.

Por tanto, sigamos confiando en la acción de la Justicia y preservemos las instituciones de las manipulaciones maniqueas de terceros, destinadas exclusivamente a conseguir con sus aviesas intenciones sus propósitos más perentorios como es el de procurar hacer dimitir al mismísimo Presidente del gobierno.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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