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Honora a sus ejércitos y lealtad a la Nación
El 12 de octubre es mucho más que una fecha en el calendario. Es el día en que España celebra su historia, reivindica su identidad y honra a quienes han contribuido a forjar una nación con una cultura universal y una lengua que hermana a cientos de millones de personas a ambos lados del Atlántico.
Es el Día de la Fiesta Nacional y de la Hispanidad, una jornada para sentir orgullo de nuestras raíces y proclamar, sin complejos, nuestro orgullo por España. Una España que también es hogar para tantos hombres y mujeres llegados de Latinoamérica que han encontrado aquí una oportunidad, han formado sus familias y trabajan por un futuro mejor, sintiendo este país como propio; respetando sus tradiciones y trabajando por el futuro. Porque la patria no solo se hereda: también se elige, se construye y se ama. A todos ellos les pertenece igualmente esta celebración.
España es su pueblo, sus instituciones y sus Fuerzas Armadas. Es el esfuerzo de quienes trabajan cada día y el sacrificio de quienes han dedicado su vida a defenderla. Por eso, nuestro reconocimiento se dirige especialmente a los hombres y mujeres que visten el uniforme militar y, de manera singular, a la Legión y los Regulares, símbolos de disciplina, valor, sacrificio y tradición.
Cuando estas unidades desfilan, no lo hacen por ningún partido ni por ningún gobernante. Desfilan por España, por sus ciudadanos y por la memoria de quienes cumplieron su deber hasta las últimas consecuencias. Merecen respeto, gratitud y el reconocimiento de toda la nación.
La Jefatura del Estado representa la continuidad de nuestras instituciones y la unidad nacional. La Corona, las Fuerzas Armadas y los símbolos constitucionales están por encima de las disputas partidistas. La discrepancia política es legítima; el respeto institucional debería ser irrenunciable.
Y es precisamente desde ese respeto desde donde debe juzgarse la conducta de quienes ejercen responsabilidades públicas. Resulta especialmente censurable que, durante el desfile del 12 de octubre, un presidente autonómico permaneciera sentado al paso de la Legión y los Regulares. Un gesto desafortunado, impropio de la solemnidad del momento y merecedor de una crítica contundente.
Quien representa a una institución pública debe demostrar altura de miras y comprender que no está por encima de los símbolos que representan a millones de ciudadanos. No se le exige compartir sentimientos personales, sino mostrar el respeto que merece una celebración nacional y quienes sirven a España. La ejemplaridad no es un adorno del cargo: es una obligación.
Ningún dirigente político es dueño de España. Los cargos son temporales, los gobiernos pasan y los partidos se alternan; la nación permanece. Por eso, resulta inadmisible que las preferencias particulares de un representante público parezcan imponerse al respeto debido a nuestros militares y a los ciudadanos que se sienten orgullosos de su país.
También me resulta especialmente censurable que los ciudadanos descontentos con algún cargo político se desfoguen durante la celebración del mismo. Cualquier acto institucional, religioso o cultural merece el absoluto respeto de los asistentes
Hoy es día de honrar nuestra bandera, reconocer el sacrificio de nuestros soldados y celebrar una Hispanidad que nos une mediante la lengua, la cultura y los vínculos entre pueblos hermanos. Es también día de recordar que España pertenece a todos los españoles, a quienes nacieron aquí y a quienes, llegados de otras tierras, la han hecho su hogar.
España merece dirigentes y ciudadanos a la altura de su historia. Que ondee nuestra bandera y que nuestros soldados desfilen con la cabeza alta. Porque el 12 de octubre no pertenece a ningún Gobierno ni a ningún partido: pertenece a España y a todos los que la respetan y la sirven.
