InicioOPINIÓNSimón Bolívar: ¿el Libertador?

Simón Bolívar: ¿el Libertador?

Durante siglos, Simón Bolívar ha sido presentado como uno de los grandes héroes de la historia de América. Se le conoce como “el Libertador” y se le atribuye un papel decisivo en la independencia de varios territorios. Sin embargo, esta imagen heroica puede ocultar una parte mucho más oscura y controvertida de su trayectoria. Desde una visión crítica, Bolívar no fue únicamente un libertador: también dirigió campañas y promovió políticas de guerra que provocaron persecuciones, ejecuciones y un enorme sufrimiento entre la población. Por ello, detrás del mito del héroe puede verse también a un dirigente que recurrió a una violencia extrema para alcanzar sus objetivos políticos y militares.

Uno de los episodios más graves fue el Decreto de Guerra a Muerte de 1813. Mediante esta medida, Bolívar estableció una diferenciación entre españoles y canarios, por un lado, y americanos, por otro, y anunció que los primeros podían ser tratados como enemigos incluso si permanecían al margen del conflicto. La guerra dejó así de ser únicamente una confrontación entre ejércitos y adquirió una dimensión que podía afectar directamente a sectores de la población civil.

«Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América.»

Entre las comunidades afectadas se encontraban numerosos emigrantes canarios. Durante generaciones, miles de isleños habían viajado a Venezuela y a otros territorios americanos en busca de nuevas oportunidades. Muchos trabajaban como agricultores, comerciantes o artesanos y habían contribuido al desarrollo económico y social de las comunidades en las que se establecieron. Sin embargo, durante las guerras de independencia, parte de esta población fue identificada con la causa realista debido a sus vínculos con España, a sus relaciones familiares o a la posición que se les atribuía dentro del conflicto.

Esta identificación tuvo consecuencias dramáticas. Algunos canarios sufrieron persecuciones, pérdidas de bienes, desplazamientos, represalias o la violencia propia de la guerra. La población civil quedó atrapada entre dos bandos y, en determinados casos, fue castigada por su origen, por sus vínculos familiares o por la sospecha de simpatizar con el realismo. De este modo, una lucha presentada como una guerra por la libertad también provocó sufrimiento entre personas que habían emigrado para construir una vida y que no necesariamente habían elegido participar en el conflicto.

Defender a Bolívar únicamente como un libertador, sin reconocer estas políticas y sus consecuencias, supone aceptar una visión incompleta de la historia. La independencia no fue un proceso limpio ni una lucha formada exclusivamente por héroes. También estuvo marcada por el odio, la venganza, la represión, las ejecuciones y la destrucción. Las decisiones adoptadas bajo el liderazgo de Bolívar contribuyeron a crear un clima en el que la violencia contra quienes eran considerados enemigos podía justificarse en nombre de la libertad y de la independencia.

Las políticas impulsadas durante aquel periodo favorecieron la persecución y la represión de personas identificadas con el grupo enemigo. Aunque la figura de Bolívar haya sido convertida en un símbolo nacional y político, los monumentos y los homenajes no deberían impedir el análisis crítico de sus decisiones ni el reconocimiento de las víctimas. Un personaje histórico no deja de ser responsable de sus actos por haber alcanzado la victoria o porque la historia oficial lo haya presentado como un héroe.

En conclusión, Simón Bolívar no es únicamente la figura idealizada de “el Libertador” que aparece en muchos libros y discursos. Su liderazgo estuvo relacionado con una violencia que afectó a numerosas personas, entre ellas emigrantes canarios y otros sectores vinculados, de manera real o supuesta, al bando realista. Recordar únicamente sus victorias significa dejar en segundo plano el sufrimiento causado durante las guerras de independencia. Por ello, su figura debe ser revisada críticamente: detrás del héroe celebrado por la historia también puede encontrarse a un dirigente responsable de decisiones y políticas que contribuyeron a la persecución, la represión y la muerte de numerosas personas.

La memoria histórica debería aspirar a reconocer a todas las víctimas, también a los canarios que padecieron la violencia durante las guerras de independencia. Recuperar sus historias, investigar sus circunstancias y darles un lugar en la memoria colectiva no significa negar la importancia histórica de la independencia, sino comprenderla en toda su complejidad. Una memoria verdaderamente inclusiva no debería limitarse a celebrar a los vencedores, sino también escuchar a quienes sufrieron las consecuencias de la guerra.–Confucio.

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