En el plano profesional, todos sufrimos zancadillas. Hay personas que hablan a tus espaldas, que intentan frenarte o que, en algunos casos, llegan a hacerte un daño muy profundo. A veces, incluso intentan destruirte como ser humano.
Durante mucho tiempo pensé que conocer el final de esas personas me traería paz. Me equivocaba.
Cuando recibí la noticia, no sentí alivio. Sentí una profunda reflexión. Comprendí que solo merece la pena mirar estas situaciones con compasión, humildad y haciendo un examen sincero de nuestro propio corazón.
Qué absurdo es el ego corporativo. Qué vacías resultan las luchas de poder, las envidias y los rencores cuando recuerdas que el tiempo nos iguala a todos de forma inevitable.
No me alegra la caída ni la muerte de quienes consideré mis enemigos, porque, al final, compartimos la misma fragilidad humana.
Hoy elijo centrarme en lo único que realmente permanece: el amor de mis seres queridos, la lealtad de mis amigos y el impacto positivo que dejamos en la vida de los demás.
Las personas te recordarán por tus actos, no por tus victorias pasajeras. Y el tiempo, implacable, acabará borrando nuestra propia existencia. Por eso, en esta vida, no esperes ni gloria ni oropel.
Como decía Oscar Wilde: “Siempre es conveniente perdonar a nuestros enemigos; nada les molesta tanto”.
Tomás Cano Pascual
Vicepresidente de Business Developement Europa
Asesor de líneas aéreas
Delegado para Europa de Air Panama
Fundador de Air Europa

