Nunca olvidaré la confianza extrema de José Carlos, Paloma y Javier.
Me dejaron quedarme una noche con mi hermana Isabel. Era la noche del 11 al 12 de marzo. Dos días muy señalados para nosotras.
Hablamos cómo cuando compartíamos habitación siendo pequeñas. Entonces, yo rabiaba porque prefería unirme a las mayores, pero Isabel y yo éramos las medianas. No nos admitían a las ventajas de las mayores porque éramos pequeñas y tampoco a las ventajas de los pequeños porque ya habíamos crecido.
Cuánto nos marca nuestra infancia. Cuántos años compartiendo habitación. Con el tiempo, y a pesar de vivir en distintas ciudades, Isabel fue partícipe de mis grandes secretos.
La noche, esa noche era una ocasión especial. No sería una noche de pijamas como la que planeábamos hace meses a imitación de la que vivimos las cuatro en una escapada de cuatro días el año pasado en la playa de Gandía.
Esa noche solo me pidió una cosa. —Baja el oxígeno, por favor. Y me explicó: —La enfermera lo pone demasiado alto y me perjudica. Mis dedos temblaban mientras lo bajaba de tres a uno. Y tras hablar se quedó dormida. Hice lo mismo y tras una hora me desperté sobresaltada. ¡Cómo había podido dormir sin controlar su saturación! Sentí una enorme responsabilidad.
Y en eso me empeñé el resto de la noche. Pasadas las seis de la mañana empezó la incesante circulación del personal hospitalario: temperatura, medicinas, tensión, nebulizaciones… Y, pese a todo, dormía. Contestaba a las preguntas que le hacían y volvía a dormir. Se portó como una campeona.
La campeona que demostró ser durante catorce años.
Catorce años desde que le diagnosticaran un cáncer de mama e inmediatamente otro cáncer de pulmón, primario, también.
Catorce años en los que nunca protestó, ni elevó la voz.
Catorce años en los que no se quejó ni de su enfermedad, ni de su mala suerte.
Catorce años en los que no perdió la sonrisa. Todo lo contrario. Sonrió más sabiendo que su tiempo estaba tasado, pesado y medido.
Catorce años en los que en solo una ocasión se le escapó decir que le gustaría ver a sus hijos, entonces de doce y trece años, con la carrera terminada. Y lo consiguió con ese empeño y determinación que no parecían humanos.
Catorce años en los que quitó importancia a las pequeñas desavenencias e inconvenientes de la vida. La vida, eso era lo que valía. Había que vivir cada instante, sabiendo como sabía que el plazo de su existencia estaba sometida a plazo.
Catorce años luchando a brazo partido para vencer el escasísimo plazo concedido por sus médicos de dos años. Y, emprendió una lucha sin cuartel lleno de optimismo, sin fisuras y sin tregua.
Catorce años en los que dejó maravillados a los médicos que no se explicaban su naturaleza inconmovible y su empeño en vivir.
Catorce años que nos regaló a todos su compañía. Un regalo inesperado salpicado de sobresaltos. El cáncer vuelve a aparecer, vuelve en otro lugar, y otra vez y otra más.
Catorce años repletos de tremendas alarmas. El corazón se debilita, la sangre huye asustada, pero ahí estaba ella. Al mando de todo. No es tiempo de bajar los brazos. No es momento para rendirse. Hay que seguir. Seguir luchando. Seguir viviendo.
Catorce años en los que ella crecía frente al empequeñecimiento de los que permanecíamos a su alrededor.
Catorce años de un regalo infinito para José Carlos, Paloma y Javier. Catorce años que hubieran deseado catorce veces más.
Catorce años para aprender a ser.
Catorce años para aprender a sentir.
Catorce años para aprender a vivir.
Catorce años para aprender a amar.
Y, en silencio, te has ido.
Es tiempo para darte las gracias.
Gracias, Isabel, por ser la súper mujer que nos ha enseñado lo que es el valor y la serenidad ante la enfermedad.
Gracias por dar testimonio de la entereza y aceptación de la adversidad.
Gracias por sacar, incluso, desde las exiguas fuerzas, un coraje extraordinario y una lucha denodada ante las peores circunstancias.
Gracias, Isabel, por enseñarnos a vivir con las frustraciones de nuestra existencia.
Y ahora, Isabel, vuelvo a pedirte algo más.
Por favor, sigue pendiente de todos nosotros desde lo más alto.
Doctora en Derecho.
Licenciada en Periodismo
Diplomada en Criminología y Empresariales
