domingo, febrero 1, 2026
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Flores marchitas

En su perfil no había nada casual, aunque su apariencia era esa. Las distintas flores, sus tonalidades, el jarrón de exquisita porcelana un poco desconchada y con un aire decadente, algún pétalo caído… La imagen evocaba a gritos la melancolía, el tiempo pasado, el tiempo perdido y olvidado.

Las mujeres mayores eran las destinatarias. Ellas habían vivido muchos años y acumulaban recuerdos de sus tiempos felices. Todas tenían cerca un enemigo murmurador que les recordaba a una y otra hora que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sus vidas, ya vividas no permitían la marcha atrás de un solo instante. Un instante para cambiar, un instante para recuperar, un instante para revivir con más intensidad lo ya vivido.

Su forma de proceder también estaba estudiada. Y entre decenas o cientos de mensajes, un día te llegaba un mensaje en tu móvil: —Acabo de ver tu perfil y debo confesarte que eres muy hermosa. Disculpa la forma en la que te abordé. Fue solo una coincidencia. Quería agregar a un amigo de España y me equivoqué en un dígito. Por eso aparezco en tu lista de contactos. Ahora que estamos en línea solo quería saludarte, sin dejar de reiterarte mis disculpas por la intromisión.

Al cabo de unos minutos volvía a escribir: —Estoy pensando que ahora que estamos conectados debo confesarte que me pareces algo más que hermosa, tienes una figura excepcional y muy elegante. ¡Quién te hubiera conocido a los cuarenta! Tienes una mirada que lo dice todo.

E inmediatamente después: —Perdona, soy un grosero. No me he presentado. Lo siento. Mi nombre es John, soy estadounidense, del sur de Florida. Actualmente vivo en Londres, Reino Unido.

Tras el mensaje aparecía una foto de un hombre de mediana edad y bien parecido.

—Es curioso, soy director de un laboratorio farmacéutico, escribo mucho y no cometo incorrecciones. Creo que lo único que podría explicar mi torpeza y falta de sensibilidad hacia tu persona es que te diga la verdad de lo sucedido, y es que me has dejado sin habla. Realmente eres atractiva por fuera, y sin duda por dentro, de ahí que seguro que lo que refleja tu fotografía de perfil no hace honor a la verdad, ya que la realidad será infinitamente superior a la excelsa belleza que reflejas.

Luisa, de setenta y dos años, viuda, con tres hijos y cinco nietos, fue la primera. Al pinchar en la foto se descargó el virus y al otro lado de la línea telefónica se empezaron a apoderar de los datos de su teléfono móvil: de sus contraseñas, de sus cuentas corrientes y de depósitos… Y mientras esto sucedía, John de forma pausada continuaba con sus conversaciones envolventes, cariñosas y encantadoras. Todo en él eran bonitas palabras. Frases sinceras y sentidas, salidas de lo más profundo del corazón. Sus promesas eran creíbles. Su compromiso, sincero. Sus ofrecimientos factibles, plausibles y radicalmente verosímiles. Todo ello conducía al encantamiento, al hechizo de Luisa y a una cálida, suave y penetrante seducción.

Después, fue Celia y Pilar, y Rebeca, y Concha, y Marina. Y a ellas les siguieron Aurora, Juana, Pilar, Carmen… y una interminable lista de mujeres.

Para todos los herederos de Luisa, Celia, Pilar, Rebeca, Concha y la larga lista… era simple y llanamente un estafador, un embaucador de mujeres solas y desvalidas, un tramposo, un truhan embustero, un sinvergüenza, un timador profesional y un delincuente sin escrúpulos que había vaciado sus cuentas y les había despojado de sus riquezas.

Durante el tiempo de las conversaciones cada una de esas mujeres encontró un aliciente y estímulo para vivir un nuevo día, algunos instantes de emoción. Renovaron ilusiones ya olvidadas, revivieron viejas palpitaciones, rememoraron conversaciones gratas y sugerentes. De distintas formas volvieron a experimentar una vez más la fascinación, el hechizo y la seducción. Y, todas compartieron finalmente la decepción, la contrariedad, la desilusión, el desengaño y la frustración volviendo de nuevo a la realidad de su existencia, aquella que les recordaba que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Doctora en Derecho.

Licenciada en Periodismo

Diplomada en Criminología y Empresariales

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