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La Palma, auxilio económico

Bajo el espeso manto de ceniza que cubre hoy las esperanzas de los palmeros damnificados por el volcán, también se ha enterrado el incierto futuro que les augura la lava incandescente que del mismo modo ha sepultado su presente, al albur de que acudan en su auxilio las ayudas prometidas por el gobierno de Sánchez, con las que podrían  paliar, aunque sólo en parte, la profunda tristeza que significa haber sido despojados de lo único que les quedaba sobre la tierra a la que continúan amando sin rencor y de la que en absoluto se arrepienten, a pesar de la insistencia del volcán en tratar de sepultarlos en vida.

El luto que cubre los pueblos circundantes a Todoque no ha sido todavía lo suficientemente obscuro como para que los palmeros se den aún por vencidos por el destino que se les ha venido encima de improviso, pero a pesar de que ese destino destila siempre sometimiento, en la isla bonita nadie quiere rendirse a lo que la naturaleza pretende, que no es otra cosa que despojar al palmero de la zona de su identidad, que es la esencia de ser isleño.

No se trata de maldecir. Ningún palmero lo ha hecho hasta ahora. Más que la suerte, ahora se trata sólo de aceptar lo que les tiene reservado el capricho ensordecedor de las entrañas de la tierra que habitan y que palpita como presagio de un acontecimiento natural prodigioso que nadie todavía puede evitar, pero que, sin proponérselo siquiera, perjudica muy mucho los intereses de todos aquellos para los que el miedo nunca supuso una respuesta incoherente con la que renunciar a su lugar de origen primitivo.

Muchos de los palmeros de la zona han asumido todos los graves riesgos derivados de haber nacido y vivido a la sombra de un volcán apaciblemente dormido y cuyo imprevisto despertar ha ocasionado hoy el inesperado y profundo drama con el que nadie contaba hasta que abruptamente se produjo y cuyas fatales consecuencias han sido imposibles de evitar para mayor desgracia de la población.

Ahora se trata de atender las necesidades materiales de los damnificados ofrecidas en su día por el gobierno. Ningún otro estamento del estado podrá devolverles la identidad perdida de su lugar de nacimiento, sepultada hoy por toneladas de lava petrificada bajo la que se esconden recuerdos, experiencias, amores fugaces, hogares enteros, territorios de infancia feliz entre adelfas, acacias, pinos, palmeras, dragos, etc., etc. Sólo por esa pérdida tan indispensable para cualquiera de los afectados es por lo que se deberían darse prisa en acudir en auxilio del patrimonio material perdido de cada una de las víctimas porque el valor sentimental que significa para la memoria no habrá forma de recuperarlo, ni siquiera cobrando, porque ese no tiene precio.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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