En cualquier conversación que mantenga con su familia, vecinos, amigos o compañeros de trabajo la conclusión a la que se llega es unánime: ¿Qué está consumiendo la gente que parece haberse instalado una locura colectiva?
No se trata de ponerse conspiranoico o cualquier chorrada de esas que tan de moda están, lo cierto es que tanto en las carreteras, autopistas y sobre todo en las rotondas parece que el mundo se va a acabar. Otro tanto ocurre en otros lugares, la agresividad se ha abierto paso entre la población de la isla amable.
Después de más de cien mil muertos por la pandemia todavía quedan personas que les apetece contagiarse de covid, celebran botellones y se pasan las normas sanitarias por donde la espalda pierde su casto nombre.
Pero lamentablemente las cosas no terminan ahí. Nos echamos las manos a la cabeza cuando escuchamos o vemos las terribles agresiones entre jóvenes. Grupos que agreden a personas de una forma brutal, incluso hasta ocasionar la muerte o daños muy graves. ¿Cómo es posible tanta violencia?
Violencia en los hogares, en las calles en los establecimientos públicos. No, no es el puto virus chino…es la incultura y la violencia que se ha instalado en nuestra sociedad. No, tampoco es la vacuna, no le hagan caso a los ignorantes negacionistas… no se deje engañar por ellos.
La sociedad española tiene un problema, pero también lo tiene la casta política. Atrás queda el respeto por el adversario político. Los reaccionarios de derecha justifican las barbaridades que se dicen de los reaccionarios de izquierda, extremos que se tocan en su intransigencia.
La política española es una locura. Un gobierno que se hace oposición así mismo, unos ministros que cobran de un Estado al que no reconocen y lo llaman “grave anomalía democrática”. Olvidan algunos morados defensores de dictaduras dónde se encuentran las verdaderas anomalías. Lo más curioso es que un partido centenario calle y otorgue.
Si hablo de morados y sus socios, o viceversa, es por su estatus, se creen intocables. El que está en el gobierno debe mostrarse correctamente institucional y respetar los poderes del Estado. Cuando le tocó al gallego y sus adláteres recibir palos, pues lo que se dice… ajo y agua; ahora que les toca a ellos sólo quieren un buen ibérico.
Añadiría: No se puede repicar y andar en la procesión, o se es gobierno o se es oposición. Lo peor de toda esta historia es que sus seguidores son sectarios y son incapaces de hacer una lectura crítica de las barrabasadas políticas, seguirán votando lo mismo… antes nos quejábamos de la mortadela con pan de lata.–Confucio.
