miércoles, enero 7, 2026

Testamento

Una vez sepultado su padre, los tres jóvenes hijos del difunto encaminaron sus pasos hacia el despacho del notario para hacerse cargo de la herencia que les correspondía por derecho propio. El testamento estaba muy claro. El difunto había repartido su patrimonio de valiosos relojes de pulsera de la siguiente manera:

El mayor recibiría la mitad (1/2), el mediano la tercera parte (1/3) y el benjamín la novena parte (1/9) del total de los diecisiete (17) relojes de oro de los que se componía la colección particular de una conocida marca perseguida en el  mercado por cuantos aspiraban a lucir semejante joya en el seno de la Jet Set del momento; incluidos deportistas, estrellas de teatro y cine,  influencers, nuevos ricos, etc., etc.

Una vez en casa, como advirtieran que el número total de relojes resultaba indivisible entre los porcentajes adjudicados por su padre en el testamento, decidieron de común acuerdo pedir consejo al mejor amigo del finado y que no era otro que el Fiscal General del Estado y que había sido injustamente cesado de su cargo recientemente por un supuesto dudoso delito de publicación de secretos.

Una vez hubieron llegado al despacho de Álvaro García Ortíz,  después de considerar lo estipulado en el redactado del testamento, éste,- desprendiéndose de su modesto propio reloj de pulsera para entregárselo a los jóvenes-, les propuso una hábil solución al problema planteado.

-Tomad mi reloj, sumadlo a los otros diecisiete de vuestro padre y hacer el reparto, pero con una condición: devolvedme lo que os sobre.

Y así lo hicieron y todos tan contentos

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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