jueves, febrero 12, 2026
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Zapatos canelos

Casi de manera espontánea, después de mucho tiempo, hoy he vuelto a calzarme mis viejos pero bien cuidados zapatos canelos de suela y a pesar de no ir vestido con mis mejores galas de antaño, el sólo hecho de sentirme bien calzado origina en mi una súbita seguridad como no había sentido nunca antes.

De manera que me sentía en un territorio propio que nadie podría arrebatarme por la fuerza por muy poderoso que fuera. Y de pronto me acordé del señor Trump; hasta el punto de convencerme de que le podría hacer frente a todo un Presidente de USA desde el interior de unos zapatos canelos tan lustrosos que la luz de sol de mi país rebotaba con esplendor sobre su brillante superficie.

He llegado a convencerme que descalzo no se llega nunca a ninguna parte y es por eso que recomiendo ir siempre bien calzado si lo que pretendes es frenar el ímpetu con que tus enemigos suelen hacerte frente sin reparar en gastos armamentísticos que puedan provocar incluso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la que la vieja Europa se refugia a partir de la segunda guerra mundial.

Y el hecho de que precisamente el señor Trump no se haya atrevido todavía a desplegar sus tropas contra Europa, es muy posible que se deba sencillamente a que en el viejo continente, por lo general, sus habitantes siempre vamos muy bien calzados y sea este insólito detalle el que le haga dudar de una victoria militar frente a gente tan segura de sí misma y calzada con sus viejos zapatos de suela de color marrón como el que calzo yo en este preciso instante en el que escribo, a priori, tan seguro de mi mismo que ni siquiera siento la vergüenza ajena de estar haciendo el ridículo mientras mantengo estas sensaciones de seguridad con las que le haría frente a cualquiera que quisiera entorpecer la paz de la que gozamos por éstos lares.

Ya sabemos los adultos que un niño con zapatos nuevos se encuentra muy feliz sin saber exactamente por qué, pero nosotros, los mayores, también sabemos que unos viejos y cuidados zapatos de suela, sean del color que fueren, nos ofrece una inusitada seguridad con la que enfrentarnos al mundo incluso en inferioridad de condiciones, máxime si la luz del sol rebota sobre su cuidada y pulida superficie.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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