viernes, enero 16, 2026

Vuelo rasante

A medida que avanzan las semanas, se van confirmando los peores temores de muchos sobre el hecho de que el mortal Covd-19 no fue propagado precisamente por el simple vuelo rasante de los murciélagos. Algunos medios de comunicación se han hecho ya eco de la noticia aparecida recientemente por la que se sospecha que la probable manipulación del virus en un laboratorio de la república China ha sido el desencadenante de la pandemia.

Tendríamos que tener en cuenta de que también pudiera tratarse de una fake news con la que desacreditar a uno de los países con mayor presencia económica en el mundo para tratar de contrarrestar la importancia que supone su gran industria tecnológica. Tanto es así que USA ya ha empezado a tomar medidas que apuntan en una dirección muy concreta: China.

Desde los tiempos de la llamada “Guerra Fría”, las superpotencias mundiales, –en aquel momento la URSS y EE.UU. – mantuvieron un pulso por el control absoluto de una posible guerra armamentística que incluía la proliferación indiscriminada de misiles de largo alcance, hasta llegarse a lograr, finalmente, equilibrar esta balanza de armas de destrucción masiva a base de de largas conversaciones diplomáticas de muy alto nivel entre los dos países en el seno del llamado Tratado de Proliferación de las Armas Nucleares. De modo que a pesar de no haber sido prohibidas de manera global y universal, como sí hicieron con las armas químicas, bacteriológicas y minas antipersonales, también los temores de un conflicto que resultaba más que evidente, jugaron un importante papel entre ambas potencias.

¿Cómo controlar y luego sancionar un posible descuido en un laboratorio como  el ocurrido en China? ¿Quién sería el responsable?

A pesar de no parecer intencionado, las consecuencias que ha tenido que soportar la población mundial por los efectos del virus fugado, han sido desastrosas a nivel humano y económico, paralizando toda actividad comercial en aquellos otros países muchos más dependientes de la oferta turística como pueda ser, entre otros, España, por poner sólo un ejemplo.

Hoy se han visto en la Costa Brava, por primera vez en muchos años, bandadas de delfines recorriendo el Mediterráneo muy cerquita de la costa, con cabriolas incluidas, como testimonio de una mejora del medio ambiente y a la que se suman los cantos de los pájaros en los parques y alamedas, bajo un cielo azul límpido y luminoso como presagio de una radiante primavera en la que no cabe la intervención del hombre contra la naturaleza. El acercamiento a los pueblos de algunos ejemplares de vida salvaje constituye otra muestra de confianza en la intervención pacífica del hombre con el medio ambiente. ¿Qué más señales tendremos que advertir de la naturaleza como para frenar esta carrera desesperada en la obtención de beneficios indiscriminados en lo que creemos que es mejor para el progreso de nuestra civilización?

Esto ya no hay quién lo pare. Recuperarnos del daño causado por el Covid-19 dejará otra serie de víctimas con las que no habíamos contado hasta ahora. Todas aquellas avocadas al suicidio al no ver cumplidas ni siquiera sus expectativas de vida en una sociedad donde el ser humano debería ser lo primordial.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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1 COMENTARIO

  1. Me ha gustado mucho su artículo. Las grandes potencias creen estar por encima del bien y del mal. Desde el inicio de la crisis me ha olido a chamusquina tanta predisposición de los chinos en colaborar, huele mal. Pero ya verá que no pasa nada. Con respecto a lo de la Costa Brava, en Canarias también se ha podido disfrutar de delfines y otras especies en su medio. Va usted a ver que el peor virus no es el covid-19 sino nosotros.
    Confucio.

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