- Los papeles del 23-F reafirman el papel institucional de Juan Carlos I y no prueban implicación en el golpe
La desclasificación de nuevos documentos oficiales sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 vuelve a colocar bajo el foco la actuación del entonces jefe del Estado, Juan Carlos I. Más de cuatro décadas después del asalto al Congreso, los archivos ahora publicados permiten afinar el análisis histórico. Y, al menos por el momento, no alteran de forma sustancial la interpretación dominante sobre su papel.
El debate político, académico y cospiranoico seguirá abierto. Pero, con los papeles sobre la mesa, la documentación conocida hasta ahora sitúa a Don Juan Carlos I más como actor institucional en la contención del golpe que como partícipe de la conspiración. Todos los que se han manifestado públicamente en contra del rey Emérito manifiestan y manifestarán sus dudas sobre la documentación publicada por el Gobierno de España, liderado por un socialista poco monárquico.
Una pieza clave para cualquier desenlace
El 23-F comenzó con la irrupción armada del teniente coronel Antonio Tejero en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, mientras se celebraba la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. Paralelamente, el capitán general Jaime Milans del Bosch desplegaba unidades militares en Valencia y el general Alfonso Armada trataba de articular una salida política alternativa.
Los documentos ahora accesibles muestran que, para los sectores implicados en la conspiración, el respaldo del rey no era accesorio; era imprescindible. Sin su aval explícito o implícito, cualquier movimiento carecía de legitimidad ante buena parte de la cadena de mando militar.
La “solución Armada” y la posición de la Corona
Uno de los puntos más debatidos históricamente ha sido la llamada “solución Armada”, un plan para constituir un gobierno de concentración presidido por el propio general Armada.
Los papeles desclasificados no acreditan que esta opción contara con autorización expresa del monarca. Tampoco aparece documentación que pruebe instrucciones del rey orientadas a facilitar ese desenlace. Por el contrario, se refuerza la idea de que la Corona no asumió formalmente esa vía como salida a la crisis.
El mensaje que marcó la madrugada
El elemento central de aquella noche sigue siendo el mensaje televisado del rey, vestido con uniforme de capitán general, ordenando a las Fuerzas Armadas mantener el orden constitucional.
La documentación publicada no contradice esa intervención ni revela maniobras paralelas que la desvirtúen. Más bien confirma el contexto de presión, incertidumbre y disputa de lealtades en el que se produjo.
Rumores y narrativas posteriores
Otra parte de los archivos recoge cómo, tras el fracaso del golpe, circularon versiones que sugerían un supuesto doble juego por parte de la Jefatura del Estado: permitir que la operación avanzara para después desactivarla y reforzar así la posición de la Corona.
Sin embargo, en la documentación hecha pública no aparecen pruebas que respalden esa hipótesis. Lo que sí consta es que esas sospechas formaron parte del debate político y mediático de los años posteriores.
¿Cambia el relato histórico?
A la luz de los documentos conocidos hasta ahora, la posición institucional de Juan Carlos I durante el 23-F no se ve alterada de manera sustancial.
No se documenta participación en la planificación del golpe.
No se acredita respaldo formal a las iniciativas de los sublevados.
Se mantiene el peso decisivo de su intervención pública en la desactivación de la asonada.
En la noche decisiva del 23 de febrero de 1981, cuando la democracia española pendía de un hilo, la intervención de Juan Carlos I marcó un punto de no retorno; como jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas, asumió la responsabilidad histórica de ordenar la defensa del orden constitucional frente a los sublevados, desactivando cualquier ambigüedad en la cadena de mando y dejando claro que la legalidad emanada de la Constitución no era negociable. Su mensaje televisado no fue un gesto simbólico, sino la afirmación pública y definitiva de que la Corona se situaba sin fisuras del lado de la democracia, contribuyendo de forma decisiva a que el golpe fracasara y a consolidar la joven arquitectura institucional surgida de la Transición.
La desclasificación aporta matices y contexto, pero no pruebas que modifiquen el núcleo del relato histórico consolidado; lo único claro es que la actuación del jefe del Estado fue determinante para preservar el orden constitucional. Espero que les quede un poquito claro a los cortitos republicanos que aún siguen con su soniquete plasta.–Confucio.
