InicioPORTADAEtiopía ante una nueva guerra civil: la crisis que amenaza al Cuerno...

Etiopía ante una nueva guerra civil: la crisis que amenaza al Cuerno de África

  • Siete grupos armados forman un frente común contra el gobierno etíope que podría desembocar en un conflicto con implicaciones para toda la región

Etiopía vuelve a asomarse al abismo. Muchos observadores hablan ya de que el país se encuentra en la práctica en una guerra civil, que llega apenas cuatro años después de que se diese por terminada la terrible y mortífera guerra de la región del Tigray (2020-22), donde se estima fallecieron más de 600.000 personas, tanto por el mismo conflicto como por la emergencia humanitaria que supuso el completo bloqueo de una región y el colapso de su sistema sanitario.

Las noticias que a diario vamos actualizando desde Casa África nos reportan que en las últimas horas ya se empieza a informar de explosiones y drones en Adís Abeba, la capital, y de la toma en el norte del país de tres aeropuertos estratégicos por parte de fuerzas rebeldes que ha disparado todas las alarmas. Esta vez hay, además, un elemento preocupante: la creación de una alianza de siete movimientos armados y que han decidido hacer un frente común contra el gobierno etíope.

Se llama Alianza de las Fuerzas de los Pueblos Etíopes para la Supervivencia, y reúne al Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), a las milicias nacionalistas amharas Fano, al Ejército de Liberación Oromo (OLA) y a movimientos insurgentes de las regiones de Afar, Benishangul-Gumuz, Ogadén y Gumuz. Algunos de ellos han sido enemigos y se han enfrentado violentamente entre sí. Ahora han aparcado sus enormes diferencias alrededor de un objetivo mínimo común: derribar al Gobierno de Abiy Ahmed y sustituirlo por una administración de transición inclusiva.

Es algo frustrante pensar que en 2018 observábamos con esperanza la llegada de Abiy Ahmed al poder, con su llamado Medemer, un concepto bajo el que promovía la unidad, la suma y la convergencia para hacer un proyecto nacional etíope que integrase con tolerancia el fuerte peso de las identidades y autonomías regionales, entre ellas el propio Tigray o la Oromía. El primer gran éxito del presidente etíope llegó en política exterior, firmando el Acuerdo de paz con Eritrea (país con el que llevaba décadas de enemistad y conflicto) que le valió el mismísio Premio Nobel de la Paz en 2019.

El Gobierno de Etiopía trató de concentrar más poder en las instituciones federales, una estrategia que chocó con el complejo sistema político del país, basado en un delicado equilibrio entre regiones y grupos étnicos con amplios márgenes de autonomía. Estas tensiones fueron creciendo hasta desembocar en la guerra de Tigray (2020-2022).

El conflicto con esta región del norte del país terminó con los Acuerdos de Pretoria (2022), que lograron detener la guerra, pero dejaron abierta una disputa sobre los territorios occidentales del Tigray, no se completó el desarme del Ejército tigriño y dos actores fundamentales en la región, la misma Eritrea y las milicias Fano (ahora parte de la alianza rebelde) quedaron fuera de cualquier mesa de negociación. Con el tiempo, el deterioro económico, el estancamiento de cualquier diálogo y la insurrección de las milicias amharas terminaron por erosionar aquella frágil paz hasta llegar al momento de hoy: a las puertas de nuevo de una guerra civil. Algunos sostienen que en la práctica, el poder del Ejército de Etiopía es tan superior al de las fuerzas rebeldes que no debe estar preocupándoles mucho, pero lo que está claro es que el problema etíope no es solo etíope.

De nuevo, la geopolítica está convirtiendo una crisis nacional en una amenaza para el equilibrio de toda una región fundamental de África, porque la crisis no sucede en el vacío, y solo hace falta mirar un mapa para entender que lo que ocurre en Etiopía preocupa mucho más allá de sus fronteras: en el Cuerno de África, las crisis nacionales se superponen, los vecinos intervienen directa o indirectamente y los conflictos internos acaban convertidos en piezas de una partida regional mucho mayor.

El caso más dramático está al oeste. Sudán vive desde 2023 una devastadora guerra entre el ejército dirigido por el general Al-Burhan y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Hemedti. El conflicto ha provocado una catástrofe humanitaria de enormes proporciones y más de 11,6 millones de desplazados. Pero, además, la guerra sudanesa y la crisis etíope han comenzado a contaminarse mutuamente.

Es aquí donde resulta útil una reflexión que hemos leído del analista Martin Plaut, que habla de un “sistema de guerra entrelazado” para describir lo que ocurre en esta parte de África. Las guerras de Etiopía y Sudán pueden tener causas diferentes, pero dejan de funcionar como compartimentos estancos cuando los actores de cada conflicto buscan apoyos al otro lado de la frontera. Adís Abeba acusa a Sudán de dar refugio y apoyo a fuerzas etíopes rebeldes, mientras desde el lado sudanés se acusa a Etiopía de facilitar espacios de entrenamiento y apoyo a las RSF. Aparecen así las guerras subsidiarias, los llamados ‘proxies’ y las zonas grises: debilitar al vecino apoyando a sus enemigos sin necesidad de declararle formalmente la guerra.

A esa peligrosa conexión se suma una segunda disputa de enormes dimensiones: el acceso al mar. Etiopía perdió su salida al mar Rojo con la independencia de Eritrea en 1993 y desde entonces su condición de país sin litoral constituye una limitación estratégica de primer orden. Abiy Ahmed ha situado la recuperación de un acceso al mar entre las prioridades del país. Su acuerdo con Somalilandia (un territorio que se declaró independiente de Somalia, pero cuyo reconocimiento internacional es muy limitado) para buscar una salida marítima provocó una grave crisis con Somalia, que lo interpretó como una vulneración de su soberanía. Y Eritrea observa con enorme recelo cualquier reivindicación etíope relacionada con Assab, el antiguo puerto etíope que hoy pertenece a territorio eritreo.

El resultado es un tablero de alianzas cada vez más enrevesado. En estos últimos días, Etiopía ha acusado a Eritrea, Egipto y Sudán de respaldar a los enemigos de Adís Abeba. En las últimas horas, Etiopía y Eritrea han roto relaciones retirando Embajadores y expulsando personal diplomático, un paso siempre preocupante y que eleva el riesgo de una declaración de guerra.

Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en un importante respaldo del Gobierno etíope, con intereses que alcanzan las infraestructuras portuarias y las rutas comerciales del mar Rojo, en tensión global por la guerra entre Irán y Estados Unidos. En esta región, mirar hacia el interior sin mirar al mar supone comprender solo la mitad del problema.

Porque para entender cómo funcionan las dinámicas en el Cuerno de África hay que buscar el agua: Etiopía es una especie de gran torre de agua del este africano. En sus tierras altas nace el Nilo Azul y allí se levanta la Gran Presa del Renacimiento Etíope, la GERD, concebida por Adís Abeba como una infraestructura esencial para generar electricidad, impulsar su desarrollo económico e incluso exportar energía.

Pero lo que Etiopía ve como su gran llave del desarrollo es para un país como Egipto su mayor amenaza existencial: ¿cómo no va a inquietarse un país de 110 millones de personas cuya economía depende del Río Nilo que otro país tenga la llave de su caudal? El del agua es el factor de tensión más importante en la región.

Mar, agua, fronteras, guerras civiles, potencias regionales e intereses foráneos concurren, pues, en un pequeño y relevante espacio: el Cuerno de África. El próximo martes 20 de octubre, a las 19.00 horas, en Casa África tendremos el honor de acoger la presentación de un excepcional trabajo coral coordinado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) cuyo título es más que significativo: Cuerno de África, el nuevo centro del mundo africano.

El estudio aborda desde la gobernanza y las dinámicas demográficas hasta la creciente presencia de las potencias del Golfo y Turquía, pasando por la denominada “hidrocracia” del Cuerno de África y la importancia estratégica del agua y de los corredores marítimos.

Esta nueva crisis pone de manifiesto una importante lección que lleva un tiempo sobre la mesa: para entender lo que está sucediendo en Etiopía ya no basta con mirar a Etiopía. Hay que mirar al mismo tiempo a Sudán, Eritrea, Somalia, Egipto, al Nilo y al mar Rojo. Hay que mirar, en esencia, al Cuerno de África como un único tablero geopolítico.

José Segura Clavell

Director general de Casa África

Artículo anterior
RELATED ARTICLES
- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES