Al fin se han cerrado las navajitas plateadas de la discordia española en el seno del PSOE. En éste último congreso todo han sido parabienes, saludos, sonrisas y, sobre todo, encarnizados abrazos entre expresidentes, barones, presidentes autonómicos, exministros, etc., etc. Y en eso tenemos que estar todos de acuerdo a juzgar por la magnífica sintonía con la se cerró el congreso este fin de semana y que puso de manifiesto la confianza depositada por la mayoría en la figura de Pedro Sánchez como presidente del gobierno.
Las reivindicaciones ecológicas y los derechos de las mujeres se suman también al ideario del partido. Sin embargo, el calificativo de izquierda, tantas veces aplicado, entre otros, al partido socialista, brilló por su ausencia, siendo substituido, en cuanto se presentaba la ocasión, por insistir en el de socialdemócrata, posiblemente debido al menor impacto que éste ofrece a la sensibilidad de posibles futuros votantes.
A lo largo de la moderna historia de España, el PSOE siempre se ha ceñido a la defensa manifiesta de la Constitución, respetando los pactos de aquel entonces de los que fueron garantes. El debate siempre abierto, sobre todo en las Juventudes Socialistas, entre República o Monarquía quedó definitivamente zanjado por la vicesecretaria Adriana Lastra en la inauguración del acto, haciendo alusión explícita al compromiso del partido con la Carta Magna.
El resultado de las próximas elecciones pondrá de relieve la entusiasta acogida que ha tenido este cónclave, que ha servido para dejar bien sentado el ideario político al que se ciñe el PSOE y vincularlo a los intereses particulares de todos sus afiliados sin menoscabo de aumentar, si cabe, el número de votos que se precisan para obtener una mayoría absoluta que, según ellos, les permitiría decidir sin el pesado lastre que significa para sus intereses la inclusión en el gobierno del futuro de un aliado tan difícil como el que se supone ha sido, hasta hoy, la presencia de Unidas Podemos con sus arbitrarias decisiones.
No obstante, en un país como el nuestro, edulcorar con pretendidos eufemismos, sustituyendo el carácter de izquierdas que ha simbolizado siempre a los partidos como PSOE, PC, Unidas Podemos, etc., etc., es como querer pretender que sólo con la nomenclatura de socialdemócrata se les permita autoconcederse el derecho a poder escorarse hacia el centro según convenga; y quién sabe si también a la derecha.
Las navajitas plateadas, por el momento, ya no brillan abiertas en el seno del partido socialista. Habría que ver si, una vez acabado el congreso, sus propietarios serían capaces de enterrarlas para siempre.
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Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes
