Han transcurrido años desde mi etapa como CEO en Air Madrid.
Conozco a José Luis Carrillo, su último propietario, desde hace muchos años. Cuando adquirió la compañía aérea me alegré, no solo por ese hecho, sino también porque en su momento me ayudó.
Air Madrid operaba prácticamente en toda Sudamérica y fue una experiencia magnífica.
Por diferentes circunstancias nuestros caminos se separaron, porque la aviación, como tal vez otros sectores, puede ser muy cruel.
José Luis Carrillo compró la empresa con la intención de hacerla más grande y solvente, pero el sector aéreo no ha sido justo con él.
Yo estaba en Bolivia, en la compañía Aerosur, cuando los acontecimientos obligaron a Air Madrid a cerrar. Hubo críticas de todo tipo por parte de muchos, y lamentablemente yo tampoco estuve a la altura. Desde la distancia fui injusto con su gestión, y lo lamento, pues debía haber sido el primero en callar, siendo además su último CEO.
Estoy convencido de que la desaparición de Air Madrid se debió, en gran parte, a la falta de lealtad de quienes se quedaron. Pero, en fin, eso ya es pasado y hay que dejarlo en la misericordia de Dios.
A pesar de todo, guardo imágenes muy hermosas del viaje que hicimos juntos, con invitados, en la apertura de la ruta a Buenos Aires. Fueron momentos inolvidables.
Así es el transporte aéreo: hermoso, pero cruel, y en algunas ocasiones desleal con quien arriesga su capital personal.
Tomás Cano Pascual
Asesor de líneas aéreas
Delegado para Europa de Air Panama
Fundador de Air Europa
