martes, febrero 3, 2026
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Cuestión de fe

Del mismo modo que la existencia de Dios ha sido probada precisamente por su infinita ausencia, así la decencia política en España también creemos que debe existir por la misma razón y no porque los señores diputados la practiquen con la regularidad con la que nos gustaría notarla en algunas ocasiones por lo menos.

Se dice del señor Jesús Aguirre, diputado del PP por Andalucía, que de los fondos públicos ha invertido 4.200 euros en la compra de un sillón para sí mismo y he de advertir que por su elevado precio parece ser que de lo que se trata exactamente es de una mullida poltrona que le permitirá sentar sus posaderas para el resto de su vida política en su zona de confort y que por lo tanto estaría cómodamente amortizada, -si no me equivoco-, hacia el final de la próxima legislatura.

Si continuamos valorando en sentido ascendente la decencia en relación a su ausencia, éstas últimas semanas y después del encarcelamiento del Sr. Cerdán, secretario general del PSOE, de improviso nos hemos topado, después de siete años de perpetuo silencio, con que el Sr. Montoro, ministro de Hacienda del PP, se habría estando lucrando indebidamente mientras ponía al alcance de determinadas grandes Empresas unas serie de  distintas cotizaciones a la carta con las que cumplir cómodamente con sus deberes para con el Fisco y en beneficio propio.

Para alcanzar este alto nivel de indecencia, -que no falta de decencia-, se necesita contar con una estructura empresarial jerárquica y profesional que sólo se consigue si los implicados en la trama se hallan bien remunerados y a la altura que las circunstancias mafiosas exigen y para ello no sólo habría que contar con la colaboración de altos mandos de la UCO, sino también con la participación de altos cargos de la Magistratura de la categoría del supuesto cómplice juez Luzón o la del Ex-ministro de Justicia Rafael Catalá.

Se trata de una cuestión de Fe que comienza con la redacción de una Constitución hecha también a la medida de unas circunstancias que todavía arrastramos hoy pese a la buena voluntad de algunos buenos políticos que nos precedieron pero que no han caído en el olvido para envidia de aquellos otros que, ya jubilados, cruzan el Mediterráneo en su embarcaciones de lujo y algo más caras que las poltronas que soportaron su peso mientras se enriquecían a costa de la clase trabajadora que creyó en todos ellos con esa Fe que sólo nos es válida cuando “la cosa” va a peor.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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