No sin cierto estupor he leído en la prensa de este país una confesión hecha por la cocinera con más estrellas Michelín del mundo, Carme Ruscalleda, quién afirmaba no sin cierta resignación que “Quien entre en la alta cocina para hacerse rico fracasará”.
Me parece una gran contradicción el hecho de que no haya podido hacerse rica cocinando precisamente y durante tanto tiempo en exclusiva para gente muy adinerada, privando así a las clases más modestas de la oportunidad de poder degustar sus extremadas exquisiteces a causa del excesivo precio de sus servicios. ¿Será por ello que haya decidido retirarse? ¿Por no haber podido hacerse rica a costa precisamente de los también muy ricos?
Este tipo de cocina contemporánea que a mí personalmente me interesaría conocer más a fondo, no ha logrado democratizarse lo suficiente como para que podamos tener acceso a ella los menos privilegiados. Alguien podrá acusarnos de que nuestros paladares no están hechos para manjares tan sofisticados. ¿Entonces, en que ha consistido el éxito tan clamoroso que como cocinera ha cosechado en su restaurante Sant Pau?
Ella confiesa que se siente muy satisfecha y que sólo buscaba la emoción cuando ha visto llorar a sus clientes de placer al degustar sus platos. Sin embargo, no ha sabido educar el paladar de los menos exigentes y habernos enseñado a comer como lo hacen los muy ricos. Eso es lo único que le reprocho.
En cualquier caso, felicidades, Carme Ruscalleda.
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