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La historia no se compra, se escribe en los cielos

Este año se cumplen 40 años desde que un grupo de profesionales valientes decidimos que España merecía una aviación comercial privada, competitiva y de vanguardia.

Fue en 1985 cuando tuvimos que hacernos cargo del proyecto de forma integral. Nos esperaba un año entero de complejísimos trámites legales, burocráticos y administrativos para levantar desde cero la estructura de Air España. Pusimos los cimientos de lo que, años después, se convertiría en una de las mayores aerolíneas del país.

Nunca olvidaré aquel viaje de 1986 a Seattle, Washington, para recoger nuestro primer avión: un Boeing 737-300, con matrícula EC-EAK.

Cuando se abrieron las puertas del hangar de Boeing y vi aquella aeronave, me quedé profundamente enamorado. Era la materialización de un sueño. En ese instante, mi presidente, Harry Goodman, me puso la mano en la espalda y me preguntó:

—¿Qué te parece, Tomás?

Le respondí:

—Harry, esto es un sueño.

Y su respuesta fue una lección que me marcaría para siempre:

—Pues despierta, porque este sueño tiene que empezar a generar recursos económicos y a funcionar.

Y así lo hicimos. Anduvimos despiertos, asumimos los riesgos iniciales y demostramos la viabilidad del proyecto. Creamos la estructura legal, operativa y humana sobre la que otros, seis años más tarde, en 1991, pudieron edificar su holding turístico.

Hoy leo con frecuencia crónicas corporativas que parecen olvidar que una aerolínea no nace cuando se compra un paquete de acciones o cambia un consejo de administración. Una aerolínea nace mucho antes: cuando se consiguen las primeras licencias, cuando se superan las auditorías, cuando se ponen en marcha las operaciones y cuando un equipo entero se deja la piel en tierra y en vuelo para convertir una idea en una realidad.

A lo largo de cuatro décadas vinculadas al transporte aéreo, siempre he mantenido el máximo respeto hacia quienes continuaron aquel proyecto y contribuyeron a su desarrollo.

Lamentablemente, la narrativa oficial del grupo en los últimos años ha respondido con silencio, omisiones y una preocupante falta de reconocimiento hacia quienes estuvimos en el origen.

Pero el desprecio o el olvido corporativo no pueden borrar los hechos.

La gratitud y la memoria histórica no son elementos accesorios en el mundo empresarial. Son una cuestión de dignidad.

Por eso, mi más profundo reconocimiento va hoy para todos aquellos pioneros —tripulaciones, técnicos, personal de tierra y directivos— que creyeron en mi visión entre 1985 y 1991.

Vosotros fuisteis, sois y seréis los verdaderos cimientos de Air Europa.

El éxito actual descansa también sobre vuestros hombros, aunque algunos prefieran mirar hacia otro lado.

Porque quien no respeta su origen, difícilmente puede considerarse dueño de su historia.

La historia no se compra. La historia se escribe. Y nosotros estuvimos allí para escribirla desde el principio.

Tomás Cano Pascual

Vicepresidente de Business Developement Europa

Asesor de líneas aéreas

Delegado para Europa de Air Panama

Fundador de Air Europa

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