InicioACTUALIDADLa omertá se instala en la vida política y debilita las instituciones

La omertá se instala en la vida política y debilita las instituciones

  • Antonio Alarcó afirma que la conocida como la ley del silencio se está extendiendo en distintos ámbitos de la vida pública
  • El adjunto primero de la Diputación del Común defiende que el silencio “no es rentable, ni tiene que ver con la prudencia”
  • “Una democracia sólida necesita instituciones transparentes y ciudadanos capaces de expresar críticas sin temor”, manifiesta Alarcó

El adjunto primero de la Diputación del Común de Canarias y doctor en Ciencias de la Información y Sociología, Antonio Alarcó, advierte de que la omertá, conocida como la ley del silencio, se está extendiendo en distintos ámbitos de la vida pública, especialmente en la política y en determinadas estructuras sanitarias nacionales, donde provoca «graves distorsiones institucionales y una auténtica patología social«.

Antonio Alarcó Hernández , Catedrático de Cirugía
Presidente de la Cátedra de Telemedicina, Robótica, IA y Telecirugía de la ULL
Doctor en Ciencia de la Información y Sociología.
Adjunto Primero de la Diputación del Común
Exsenador y Portavoz de Sanidad./Foto Archivo Kiosco Insular.

Alarcó, doctor en periodismo científico en España, indica que aunque el término procede del código de silencio de la mafia siciliana, hoy describe situaciones en las que el miedo, la presión del grupo o una lealtad mal entendida impiden denunciar errores, abusos o irregularidades que afectan al interés general.

«Es una evidencia científica que estamos viviendo un momento en el que la omertá anda con absoluta normalidad por distintos ámbitos de nuestra sociedad. Y eso hace mucho daño«, afirma.

El catedrático sostiene que esta cultura del silencio dificulta detectar y corregir problemas, favorece la impunidad y debilita la confianza ciudadana en las instituciones. «La omertá no solo perjudica a quien decide hablar, sino a toda la sociedad, porque impide que los problemas salgan a la luz y puedan resolverse«, subraya. Peor es además la ocultación consciente

El silencio no es prudencia, sino complicidad

Alarcó considera que una de las mayores confusiones es identificar el silencio con la prudencia. En su opinión, ocurre lo contrario cuando sirve para proteger conductas inadecuadas o impedir que se conozca la verdad. “El silencio no es rentable, es imprudencia”, sostiene.

El  adjunto primero de la Diputación del Común de Canarias señala que estas dinámicas aparecen cuando las organizaciones desincentivan la crítica interna, las personas callan por miedo a perder su empleo o sufrir represalias o se protege a responsables pese a conocerse actuaciones irregulares.

Una amenaza para la transparencia institucional

Alarcó afirma que “una democracia sólida necesita instituciones transparentes y ciudadanos capaces de expresar críticas sin temor”. La cultura del silencio, añade, “debilita los mecanismos de control, dificulta la rendición de cuentas y permite que determinadas conductas se mantengan en el tiempo”.

Además, recuerda que numerosos casos de corrupción, abusos o mala gestión solo salieron a la luz porque alguien decidió romper el silencio. «La transparencia fortalece las instituciones, el silencio las debilita. Una democracia madura necesita personas capaces de hablar cuando las circunstancias lo exigen, no organizaciones que premien el silencio», manifiesta.

Para Alarcó, el verdadero prestigio de las instituciones no reside en ocultar los errores, sino en ser capaces de reconocerlos, corregirlos y aprender de ellos. «La crítica responsable no debilita las organizaciones, las hace más fuertes. Sólo cuando existe libertad para discrepar y denunciar las irregularidades es posible mejorar el funcionamiento de las instituciones y reforzar la confianza de los ciudadanos«, concluye.

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