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Casa África participó esta semana en el IV Encuentro de Hispanistas África-España, que organiza con el Instituto Cervantes, en Madrid y pone de relieve la creciente importancia del español en el continente africano
Hoy vuelvo a escribir sobre una iniciativa pionera, que tuvo lugar en Madrid esta semana, poniendo a las mujeres, la decolonialidad y la ciencia, entre otros debates, en el centro. Se trata del IV Encuentro de Hispanistas África-España, que coorganizamos con el Instituto Cervantes desde 2019 y que tuvo lugar, en esta ocasión, en Madrid, desde este martes.
Les hablo de una iniciativa que nació con el objetivo de fomentar redes de contacto y de apoyar el magnífico trabajo que llevan a cabo nuestros amigos africanos en la promoción del idioma español en sus países, tanto a nivel didáctico y asociativo, como en la enseñanza secundaria o la universidad. Hemos disfrutado ya cuatro ediciones, que se alternaron entre Madrid y Las Palmas de Gran Canaria: 2019, 2021, 2023 y 2025. He escrito sobre estos encuentros en ocasiones anteriores: es un momento de comunión con autoridades, amantes de nuestra lengua, profesorado y alumnado de lengua española, tanto en nuestro país como en el continente africano, en el que las palabras tienden puentes y crean mundos comunes. Además, cada nuevo encuentro nos plantea desafíos, pero también ofrece motivos para felicitarse, para sacar pecho.
El incremento de los estudiantes de español en el continente africano, con Costa de Marfil a la cabeza, es una evidencia. El último anuario del Cervantes cifra en 24,6 millones a las personas que aprenden nuestra lengua en este año y especifica que uno de cada diez estudiantes de español en el mundo vive y habla en el continente africano. No quisieron adelantar cifras exactas, porque todavía están analizando datos y recolectando información de 24 países africanos, pero sí que conoceremos, de manera más fidedigna, el enorme alcance de nuestra lengua en África el año que viene, cuando publiquemos la revisión y actualización del estudio “La enseñanza del español en África Subsahariana”, coordinado por el profesor Javier Serrano y en el que ya están trabajando decenas de hispanistas africanos.
Me gustaría hacer, de nuevo, un poco de historia: este estudio se publicó por primera vez en 2014, parte de la Colección de Ensayo Casa África, y fue el fruto de una aventura intelectual en la que nos acompañaron la Embajada de España en Kenia, el Instituto Cervantes y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Se plasmó en un total de 30 capítulos, documentando la situación de la enseñanza del español en 27 países subsaharianos, escritos por 35 hispanistas africanos. Se trató y se trata de la constatación física, con pruebas intelectuales irrefutables, de que África es un continente que ama nuestro idioma, que lo aprende, que lo habla, que lo utiliza para crear y prosperar y que se interesa por nuestras culturas. Algo que supo ver nuestro antiguo jefe de Cultura y Educación, Juan Jaime Martínez, artífice de un trabajo pionero en nuestra institución (y probablemente en toda España) en lo que se refiere al hispanismo. Su empuje y visión situaron a Casa África en la vanguardia del hispanismo africano, algo que tanto Casa África como nuestra política exterior deben agradecerle inmensamente. Una labor que ya forma parte de nuestro ADN y que continuará de la mano de la nueva jefa de Cultura y Educación, Ángeles Jurado.
El profesor Serrano explicó esta semana que tenemos que agradecer especialmente a Costa de Marfil, Benín, Camerún, Senegal y Gabón la pujanza que certifico, que además sitúa a estos territorios entre la decena de países con mayor volumen de estudiantes de español como lengua extranjera en todo el mundo. Incluso el lejano Madagascar contribuye significativamente a estas cifras, con varios miles de estudiantes y una literatura de expresión española poco conocida, que nació de la protesta ante el colonialismo francés.
En este encuentro aprendimos que la diminuta Mauricio es el país con mayor volumen de candidatos al examen del Diploma de Español como Lengua Extranjera y que en Sudáfrica encontramos a más nativos hispanohablantes que estudiantes de español locales, hecho que demuestra la importancia de estos territorios para la enseñanza del español y para el desarrollo profesional y académico de nuestros compatriotas. Un profesor camerunés, Óscar Kem-Mekah Kadzue, nos explicó cómo se plantó en Bangui, capital de la República Centroafricana, para confirmar sobre el terreno que, a pesar de las sucesivas crisis sociopolíticas de este país, hay casi 400 alumnos de español en un solo instituto, el Fátima, con los que trabajan dos sacrificados profesores con los que pudo hablar, uno de ellos afiliado a la universidad. Ghana, más modesta, pero con una aportación intelectual formidable, es otro país a reseñar, junto con Togo, donde ya funciona la primera inspección educativa del español y en el que se celebra una Semana Hispánica cada vez más popular. La Universidad Comboni en Jartum también se hace su lugar en este mapa que se amplía, con un capítulo de su rector que describe las vicisitudes del español en este país, hoy en guerra, desde su exilio en Port Sudán.
Nuestra forma principal de apoyar el español en el continente africano es, desde el año 2008, la publicación de la obra de autores africanos en español, tratando con especial mimo la escritura de quienes utilizan el español como herramienta de trabajo y entre los que debo mencionar a autores como Donato Ndongo o Trifonia Melibea Obono. Nuestra labor pretende incidir en la divulgación entre públicos hispanohablantes, pero también nos interesa la idea de que se aprenda español en África con textos de autores africanos (como Boubacar Boris Diop o Leonora Miano, entre decenas de nombres), en los que los lectores y las lectoras puedan reconocerse. Además, nuestra intención declarada es poner en valor la extraordinaria riqueza de nuestra lengua al atravesarse e hibridarse con los saberes y las realidades del continente africano, promocionando especialmente la variedad apabullante de la literatura ecuatoguineana.
Me parece insoslayable recordar que el número de alumnos que aprenden español en África se incrementa sin cesar, gracias a la labor callada, en ocasiones sin recursos ni sostén, de cientos de profesores y miles de alumnos que trabajan con amor e ilusión con nuestro idioma, además de clubes de español, lectores de español, escritores que utilizan nuestra lengua, nuestras embajadas, la AECID, el Cervantes, Mujeres por África y otras instituciones y personas, públicas y privadas, como los imprescindibles traductores Nos llena de esperanza la posibilidad de unirnos a través de valores comunes de concordia y empatía, la cooperación cultural y el amor a las humanidades, a lo que nos hermana a todos.
Los debates fueron ricos, densos y profundos, destinados a insuflar vigor al español, mejorando las condiciones en las que se aprende y enseña en el continente africano. Nuestra intención declarada en cada una de las mesas, conferencias y debates es la de africanizar nuestro idioma. En ese sentido, la decolonialidad fue el concepto que atravesó todas las conversaciones, proponiendo nuevas formas de estudiar adaptadas al contexto, nuevos textos a leer en los que los africanos se reconozcan y, sobre todo, la dignificación de la expresión literaria hispanoafricana, fundamentalmente en Guinea Ecuatorial. Una mesa sobre las oportunidades que el español ofrece a las africanas me conmovió especialmente: fue enriquecedora y emotiva, con testimonios de una profesora de derecho maliense, una activista y académica en relaciones internacionales somalí y una economista senegalesa, que se responsabiliza de la expansión de nuestra Liga de fútbol por África occidental. Retos compartidos por mujeres españolas y africanas, resiliencia y pasión fueron parte del menú en una exposición que provocó aplausos y complicidad y también generó esperanza.
Los días del español en África fueron, son y serán brillantes gracias a quienes nos preocupamos por fortalecerlo, como las instituciones presentes en Madrid esta semana, y también y sobre todo, gracias a todos los africanos y todas las africanas que se enamoran de él y transmiten su amor, contra viento y marea, en aulas, calles y foros de todo tipo, a pesar de los pesares. Gracias a todos ellos por su labor y que sepan que tienen en nosotros una mano amiga.
José Segura Clavell
Director general de Casa África
